MUTILADOS

Estas criatura fetos del pintor argentino Federico Taboada son perfiles y contornos de una estética que abomina de lo idealizado, de lo embellecido, incluso de lo sublimado.

Deformes, incompletos, mutilados, habitan zulos cerrados debajo de nuestros pies y viven ahí porque son la conciencia de nuestra condición destructora y defecadora. Condición que estamos obligados a visualizar para no perderla de vista, que es lo que Taboada, desde patrones baconianos pero con indudable brío plástico y funcional, hace al situarnos esta obra ante la mirada.

Y es que ese ámbito de desmesura nos produce angustia, rechazo, hasta momentos de alucinación o enajenación. Ya Cioran, el filósofo, nos dijo que somos «dóciles a la maldición, no existimos más que en tanto que sufrimos y sólo la voluptuosidad del sufrimiento convierte a la existencia en destino».

Es decir, estamos ante un sistema de referencias irracionales anclado en una sociedad y un tiempo determinados, en una realidad contaminada por nuestra indignidad y miseria.

El vendaval amenazaba a La Habana y el malecón gemía. Sus habitantes lo habían dejado solo y nosotros, Humberto y yo, no nos pudimos acercar a fortalecer su ánimo con tragos de ron. Regresamos a un taller que se trocaba zulo cuando llegábamos empapados de infortunio.

Publicado por Goyo

Escritor de arte, coleccionista.

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