EXTRAÑA VISIÓN

Hacía referencia el crítico Cesáreo Rodríguez-Aguilera a propósito del pintor Alfonso Costa Beiro, autor de esta obra, a Aldoux Huxley en lo de que “la realidad es un infinito que sobrepasa la razón”. Pero también aludía a los surrealistas en aquello que decían: “lo extraordinario de lo fantástico es que lo fantástico no existe”.

Dos personajes inconcretos, vestidos con la piel de una textura fría, acuosa, casi líquida, en un lecho tumba, confrontan una realidad ya vivida y muerta, que entregan a nuestra mirada con la aureola de un cielo de fondo que emana un silencio oscurecido.

Esta extraña poesía desgrana el sigilo de un color que ha evitado que el drama convulsione la forma y ésta se rompa en mil pedazos. Hay una tensión que se despoja y engaña, y también una atracción que sobrepasa la razón y hace que lo fantástico sea real y no extraordinario.

Hoy no me apetece pasear por un malecón que ha escondido los dientes y las uñas. Mi amigo Humberto y yo nos refugiamos en la desolación de su taller a rogar que lo fantástico no sea tan verídico que nos deje una penumbra tan clara que nos impida ver la luz.

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