Mes: octubre 2008

MARCOS LORENZO / LA ANGUSTIA

Cuando se enfrenta el artista a la superficie sin rostro, le acomete una sensación inicial de impotencia, de duda, de indecisión. Marcos Lorenzo, pintor español, adivina que lo genuino en su sentido pictórico es agarrar la esencia de lo español -ese negro que se remonta a Zurbarán- y a partir de ahí ir consolidando un trabajo en que la mancha escribe por sí misma una historia plástica. Él tiene la suficiente seguridad e incontables recursos para encararlo.

No cabe duda de que es un continuador que arriba al informalismo como una vía de síntesis pero también de sinopsis, y de transgresión concebida desde dentro para que lo que salga afuera tenga la impronta de una sustancia interminable por su deseo de ser, de existir. Si en un momento determinado se experimenta una inclinación nihilista, ésta queda anulada por su carencia de tensión y de deseo.

En esta obra, empieza a considerar que unos confines han de incorporar otros, por eso la huella de una imagen blanca con fondo amarillo sucio queda atrapada por el tronco negro de la angustia, del temor a ser arrojado al exterior, a lo desconocido. Quizás sea una forma múltiple que emprende un nuevo rumbo desde premisas ya muy afianzadas, o quizás el final de un principio que todavía no ha germinado. Probablemente ésa sea la tensión que necesita para proseguir. Ojalá sea así.

Me encuentro a mi amigo Humberto bailando en el malecón en honor a Yemayá. Mientras lo hace canta:

  • “Orún oké orún salé ebá mi kachocho” (Dios en el cielo y en la tierra, no me dejes solo, ampárame).
Sigue bailando y dando vueltas con los ojos cerrados. Y a medida que lo sigue haciendo lo voy perdiendo de vista hasta que pasados unos instantes no lo diviso. Se ha ido pero sé que volverá.

LIA KAUFMAN / LO TRANSLÚCIDO

Lo lineal, lo geométrico, lo que se somete a un escenario de líneas y volúmenes, acredita la transparencia poderosa de la idea. Y esta luminosidad, nitidez y diafanidad son la puerta que abre la aparición de los cuerpos en su doble condición de realidad encarnada en su ropaje y reflexión metafísica envuelta en un halo translúcido.

Lia Kaufman, artista nacida en Argentina y radicada en nuestro país, marcó su rumbo plástico bajo esa premisa, que podemos también conceptuarla como el trazo de emociones en espacios que se entreabren como cuadrículas intemporales para que la figura adquiera la luz del símbolo, la meditación estática de lo que es y representa.

Y lo consigue plenamente, de tal modo que un paisaje sin sombra -yo que soy tan amigo de ellas-, casi desnudo, otorga vida a seres que se quedaron un instante detenidos en su eterno deambular.

Aunque la que no se detiene es ella, que, a partir de un acervo pictórico que le sirve de guía, prosigue una trayectoria que arriba a nuevas desembocaduras estéticas, con el propósito de ensancharlas hasta convertirlas en deltas.

Los babalaos apostrofan al malecón por culparle de la pérdida de su magia. También mi amigo Humberto le hace causante de sus desdichas, de su incapacidad para retener su incontinencia plástica, su cólico iconográfico. Son tiempos malditos, le digo, en que la creación no puede escapar de la sombra que destruye.

JUAN GOMILA / CEREBRO

Juan Gomila, artista enraizado en Asturias, es un pionero de una concepción plástica basada en que el espacio adquiere el narcisismo del “yo” y los distintos componentes que lo integran son el “ello”, considerado éste como el factor catalizador de las distintas formas en que se despliega aunque sin pérdida de la igual naturaleza con la que opera el “yo”.

Al darle la vuelta al objeto, que ya no estima necesario contemplado en su origen, y ver su reverso, retoma la caligrafía de las relaciones que entre ellas se desatan, la encrucijada de formas, señalando su identificación cromática en función de la piel con que se visten y taladran la superficie.

Hay mecanismos y engranajes, y planos que sirven de mapas a circuitos y filamentos conductores, tal si fuese, en definitiva, un plasma cerebral que postulase un sentido pictórico desde la formación de lo que vertebra una condición estética dada. Y con la que no se oculta nada.

Mi amigo Humberto sopesa y tasa los síntomas y el desarrollo de la angustia en la masa pigmentada. Se ve sin energía psíquica, y enfermo de agorafobia no sale del taller, no pasea por el malecón, ni camina en busca de esa pócima mental que haga del vacío un icono con el que seguir aburriendo a la vida.

ALEJANDRO MIERES / UTOPÍAS

Se ha dicho que la concepción marxista de la sociedad humana bajo el comunismo es una colectividad de artistas dedicados a la producción creadora. Si eso fuese así, Alejandro Mieres, artista afincado en Asturias, sería el artífice de la superficie utópica donde se asentaría.

Explorador de proyecciones plásticas en las que caben ficciones, invenciones y quimeras, estructura esquemas arquitectónicos de civilizaciones posibles en las que la síntesis de espacio, color -monocromo-, relieve y tiempo, conforman una visión que irrumpe como una plataforma estética fascinante.

Jesús Villa Pastur sostiene que este pintor consigue dos cosas inéditas en la historia de la pintura: que un cuadro pueda exhibir numerosas apariencias -múltiples realidades plásticas sin menoscabo de su concreta y nuclear realidad formal- y que ese amplio repertorio de apariencias se dé fundamentalmente en los ámbitos del espectador, convirtiéndolo casi subrepticiamente en colaborador.

Mi amigo Humberto trata de que un destello postrero difumine la colonia de criaturas que navegan por las aguas antillanas. Han sido condenadas por un delito de insomnio. Iluminado por sólo un miserable cirio, acerca sus ojos al lienzo para estudiar el modo en que nunca aparezca en la pintura la tierra prometida, pues de haberla, se la apropiaría tal como un fantasma requisa la sombra de un vivo para darse luz.

NICOLÁS DE STAËL / LEVEDAD

Esta obra de Nicolás de Staël se guarece en la poesía de la levedad para encerrar el misterio de una construcción blanca en un negro recinto de soledad.

Este pintor ruso que se quitó la vida en Antibes confiaba en que lo abstracto fuese el poema gráfico de una vivencia exhausta de tanta angustia no acabada. O la evolución de una pintura que estaba en los márgenes extremos de un verso puro, incontaminado de lo ya vivido y en camino de lo degenerado.

Levedad que no se sostiene, que gravita, que es un aroma entrevisto, un perfume del sino de pintar tenuemente los dos polos de un mismo destino. No hay crueldad en ello, sino la exacta melancolía de una existencia que termina.

Los mudos convergen en el malecón porque quieren hablar, pero nada más verse y reconocerse saben que el aprendizaje del lenguaje está por llegar. Y también saben que esa nueva lengua tendrá otro alfabeto y designará los conceptos según la forma de los labios. Mi amigo Humberto y yo, enmudecidos, comenzamos a pensar que no hay historias que no quisieran escribirse sino amanuenses que han quedado mancos por relatarlas en silencio.

JOAQUÍN VAQUERO PALACIOS / LO GEOLÓGICO

Pocos pintores han sabido calar tan hondo en lo tectónico como el asturiano Joaquín Vaquero Palacios. Él sabe como organizar esas masas pétreas, adivinar su textura y su vivencia geológica.

La morfología de ese paisaje prehistórico vierte todo su enigma en el espacio finito que trata de contenerlo, trasladando a nuestra mirada una noche insondable en un paraje de colosales túmulos que como criaturas gigantescas tapizan una superficie de sombras.

Grandiosidad afirmada en una gama cromática que hace más penetrante la sensación táctil de encontrarnos en una dimensión que nos enseña a ver la naturaleza de lo telúrico, ese espíritu que nos mantiene vivos e inmersos en lo que somos y seremos dentro de su interior.

Me abruma lo desconocido que está emergiendo en el malecón, que no se sabe si proviene de las aguas, del oriente o del norte. No tengo a mi lado a mi amigo Humberto para preguntarle, él sigue recluido en su taller tratando de desvelar las formas dantescas y caprichosas de un infortunio que no amaina.

LYONEL FEININGER / CONSTRUCCIÓN

Lyonel Feininger, artista norteamericano de largo recorrido estético, cree en la consistencia de la geometría, en la versatilidad del ángulo, de la línea y del prisma, para construir una realidad plástica a partir de la objetividad existente.

Y esa construcción aspira a que la historia del arte tenga otra base y múltiples coordenadas sobre las que seguir desarrollándose. Para ello lo finito se hace infinito, el vértigo de la ascensión se convierte en fe y lo humano en un minúsculo signo que se ampara y protege en el armazón que prolonga rectas, ejes, planos y volúmenes en una secuencia inacabable.

Obra en la que nunca vemos el final ni presentimos que lo haya, ni siquiera, incluso, ponderamos su necesidad.

Mi amigo Humberto, paseando sobre este acorde isleño para un solo instrumento, busca con fervor lo ilimitado en lo concreto más vital. Al no encontrarlo, desdibuja lo pintado y enmascara el antifaz para contemplar desde él lo único que se conserva puro en la penumbra.