Mes: diciembre 2008

COSME PROENZA / RECREACIÓN

El artista cubano Cosme Proenza es un bicho raro en estos momentos del arte contemporáneo. Y es insólito lo que su pintura nos muestra pues nos está trasladando a otros órdenes, otras panorámicas que creíamos ya extinguidas.

De fastuoso virtuosismo, capta el mundo plástico que quiere recrear con un gran acierto y al mismo tiempo invoca una estética que siempre que estamos ante ella resurge porque nunca ha dejado de estar viva.

Es una llamada a la fantasía y a la historia del arte desde coordenadas que nuestra mirada tiene abiertas porque vuelcan nuestro sentido emocional en lo que forjamos día a día como bello, lo que tiene origen en la forma de ir contemplando y viviendo al mismo tiempo.

Y después está esa sabiduría escénica para que la obra tenga más impacto, y hasta un exotismo que la haga más seductora pues atesora la gracia incorpórea de la magia invicta.

Mi amigo Humberto quiere que lo múltiple coexista con su trabajo de deshollinador del tiempo de la pintura. Yo le digo que eso no es posible viviendo al lado de un malecón que lo ansía todo para sí. Y si nos acercásemos, le advierto, no cejará en ordenarnos que le construyamos un muladar a mayor gloria suya.

DUANE HANSON / NO NOS RECONOCEMOS

Esta escultura de Duane Hanson, al contemplarla en un museo o en una galería, nos parece que no tiene otro propósito que celebrar la fealdad de una humanidad tan próxima a nosotros. Sin embargo, en la calle, en nuestro entorno social y urbano, nos pasa desapercibida pues tenemos una visión clasificada de la realidad en función de nuestros parámetros vivenciales e ideológicos.

Ese encuentro de visiones es el después de este icono, que no ahorra sarcasmo e ironía ante nuestra propio asombro inicial y después una desorientación repleta de interrogantes.

Cada día son otros campos dentro de arte los que van tomando una posición que parte del despojo, del desecho, de la deformación, de la frustración e impotencia, para dejarnos una óptica más amplia de lo que puede ser, de lo que puede palpitar ante nosotros sin que nuestra mirada lo vea. Acerca a nuestros ojos la rutina impertérrita de lo que hacemos, un instinto de vivir sin misterio, el decurso indiscernible del comer, el dormir, trabajar y reproducirse. Estamos, pues, ante un acto de crueldad que se convierte en un fenómeno plástico.

Las olas en el malecón estaban vacías, con hambre de rehenes que devorar, pero mi amigo Humberto yo comprendimos que pronto estarían saciadas. Su llamada siempre enternece a algunos que piensan que ellas todavía están más desamparadas y necesitan el calor de sus vidas.

MAGDALENA ABAKANOVICZ / MULTITUD

Me atengo a Ernst Jünger cuando asegura que la tarea de amueblar idealmente el espacio le incumbe al arte, que crea desde el silencio y desde lo invisible.Y añade una afirmación controvertida: el artista no inventa, muestra.

Esta artista polaca exhibe una multitud sin cabeza. Una disposición escultórica que no marca límites al pensamiento de nuestra mirada, a los interrogantes de nuestros ojos cuando se pasean entre cuerpo y cuerpo.

Nos inquietan las ecuaciones que propone en tal encuadramiento, individuo y masa, silencio o griterío, inteligencia o espíritu y cuerpo, ¡una alegoría de la esclavitud inclusive!

Con arpillera y resina, se construye la uniformidad que no tiene presentimientos pues están depositados en las criaturas que como espectadores recorren esas filas de organismos pendientes de un gesto suyo que nunca tendrá lugar.

Y la homogeneidad decapita porque odia lo heterodoxo, lo diferente, lo que no puede predecirse. No es una advertencia, es una realidad. Por eso nosotros, al contemplarlos, tratamos de infundirles vida.

Hoy Manca Perro, un negro bozalón y cimarrón,ha bajado al malecón a contar una de sus historias. Mi amigo Humberto y yo nos acercamos a escucharle con temor pues sus relatos hablan de maldiciones y condenas. En esta ocasión habló de ceibas y persecuciones. No nos quedamos hasta el final, teníamos el alma corroída de tantos muertos esperando a nuestro lado.

ALBERTO GIACOMETTI / REMOTO

Las figuras son flechas verticales que quieren huir de la tierra a la que están firmemente ancladas. Son seres que carecen casi de cuerpo, que no ocupan espacio, que quieren deslizarse pero no pueden.

Giacometti ha urdido una humanidad con la materia del hierro pero sin la fuerza de su resistencia, con la fragilidad propia de un ente perdido, desorientado, que busca su lugar y no lo encuentra. Van solos o en grupos pero como esfinges obsesionadas en comunicarse la brutalidad nacida a pie de tierra de la que huyen, por eso estiran su efigie hasta donde creen alcanzar la meta de lo divino, de lo infinito en paz.

El escultor, en esa reflexión con sus esculturas, les exige que ya que les da vida, le proporcionen un refugio a la soledad y a la muerte, que dialoguen y debatan con él hasta el último momento, que le consuelen ante la falta de esperanza. Después, cuando haya desaparecido, continuarán haciéndolo pero ya serán otros los interlocutores.

Las sílfides desfilan hoy por el malecón. ¿Por qué serán bellezas tan transitorias? ¿Sería cruel solidificarlas y esculpirlas y dejarlas tal como están ahora en el paseo del muelle? No cabe duda de que serían un adiós halagüeño para aquellos que quieran suicidarse tirándose desde el muro. Recibirían una última mirada de ensueño.