Mes: febrero 2009

JULIO PACHECO RIVAS

Envueltas en una atmósfera limpia y luminosa, aparecen unas estructuras y construcciones que se configuran como los iconos de un cosmos inédito, el cual no necesita a ninguna humanidad para proclamar su investidura.

Ése es el lenguaje de Julio Pacheco Rivas, artista venezolano, renacentista del siglo XXI, que pinta, con una gama cromática acariciadora y seductora, una ficción plástica de futuro entre lo fantástico y lo racional. Orden, fantasía, rigor, geometría, que contemplamos como una aventura de la mirada que penetra en la disolución del sujeto a cambio de una consagración del objeto, pues dentro de éste hallamos la topografía de lo que somos.

Mi amigo Humberto Viñas lee a Kavafis para reencontrarse consigo mismo. Trae su poesía hasta el malecón, recita sus versos en voz alta a fín de que el mar insolente le escuche, pero al final son los habitantes de la noche los que le oyen y repiten su declamación hasta quedarse sordos. No quieren sentir la impotencia de la carne, esa ansiedad imposible de que sea libre de vivir y morir.

SHERRIE LEVINE

Sherrie Levine, artista estadounidense, planteó su trabajo sobre la base de que el lenguaje artístico había sido desarrollado por las figuras de culto masculinas de la era moderna. Hablaba del complejo edípico en la conexión entre los artistas actuales y los de otros tiempos. A ellas únicamente les quedaba un lenguaje prestado y carente de apreciación.

Sobre esas premisas desarrolló el concepto de “appropriation art”, del que fue su máximo representante,que giraba en torno a la desmitificación y deconstrucción de la idea de autor, original y originalidad.

Con esta obra, “Después de Joan Miró”, Levine comete un crimen pasional, lo que no reconocerá nunca, pues incurre en el desliz que trata de denunciar: el de una originalidad que se hace presente y además se transforma en leyenda.

Considero que el juego del arte no tiene sexo ni condición, son multitud de espejos en los que se observa la múltiple genealogía de la expresión estética y humana,siempre con el retorno a nuestro propio yo, sea el que sea, con el fin de recuperar su naturaleza vital, un tanto narcisista y fetichista además.

Por eso, “Después de Joan Miró”, hay y habrá otros Miró, cuyo estilo sea el mundo que construyó para nosotros y cuya sintaxis sea la proyección que no pudo culminar. Y aunque sea una copia aparente, tiene la legitimidad de serlo en otro contexto, realidad y tiempo, de los que asimismo es su manifestación.

Mi amigo Humberto Viñas y yo dialogamos sobre la luz de la bahía habanera, y nos fijamos en que está perdiendo grosor, tanto que no sabe como este anhelo de vida plasmarlo en el lienzo, pues necesita mucha luminosidad para contrarrestar la sombra de soledad de los habitantes mudos del malecón, que nunca se han visto tan escasos de escuchar cantos de especies en extinción.

TRACEY EMIN

El sujeto sale de sí y nos deja la sustancia, que es su lecho. Se representa en la crudeza de lo vivo inerte que quiere ser verdadero, incluso lo es, mediante una supuesta metafísica de la ausencia. Aunque también puede ser el propósito de un narcisismo que ha dedicado toda su biografía a buscarse y descubrirse, a exhibir lo íntimo ante lo público impúdica y provocadoramente.

¿Puede, asimismo, ser un pasado o presente, un otro yo del que desea desprenderse porque en él anida la desesperación y el fracaso? ¿Es una obra fruto de un impulso por dejar huella de los errores y desaciertos cometidos?

Lo que es indudable es que esta instalación de la artista británica Tracey Emin ofrece un desencanto bajo un prisma poético de desolación, angustia y soledad, y no oculta el discurso metaliterario que subyace y que le permite más versatilidad y hondura en la significación que puede tener para el espectador.

Aún así, la sinceridad de su mundo depara dudas e incertidumbres en su condición estética en lo que al soporte elegido se refiere.

Mi amigo Humberto duerme todas las noches en el vientre del malecón. Allí se acurruca y dejar pasar las horas hasta el alba en continuo diálogo con un dios cruel que nunca ha conocido la piedad. Le pide una libertad inútil para ser y estar de nuevo. Yo intento sacarle de ese agujero, convencerle de que su único hálito es volver a tomar el rumbo del lienzo, de la tela o la madera, pero él sólo piensa en la piedra, en hundirse hasta el fondo de ella y matar la sombra que le condena.

PANCHO QUILICI

Hay paisajes que son memorias recicladas en otro orden del tiempo, en la textura de una edad virgen o en la piel de una era enterrada con vida. Pancho Quilici, artista venezolano, nos ofrece uno que aureola con los signos palpables de los que parte para construir el vasto panorama central.

Nuestra mirada, arrastrándose desde abajo, se detiene en esa amplia perspectiva que conjuga restos urbanos con una tierra plana y un cielo navegante que se extienden ilimitadamente. El río es el lazo de unión entre ambos polos y el puente la línea de comunicación entre lo interior y lo exterior.

Conforta y sosiega esta definición plástica que abreva en el logro de generaciones anteriores de pintores que han perfilado horizontes en los que la no visibilidad de la figura humana lo hace paradójicamente más nítido, más concreto y pacífico.

El paisaje es una búsqueda de sí mismo a través de un mediador que lo sepa interiorizar y comprender de cara a impregnarlo de la grandeza que demanda, sin escatimarle esos rasgos de misterio que nunca deben abandonarle.

Mi amigo Humberto me confiesa que se siente un mar muerto lleno de sentimientos hundidos. Una sensación de fracaso le recorre el alma y una emoción desgarrada el cuerpo. Ahora toma el lápiz y dibuja unos rostros borrosos que después han intentado susurrarle de que es imposible resucitar lo invisible pero que todavía queda lo visible aunque hay que acertar a descubrirlo.

KATHARINA FRITSCH / RATAS

Las vemos en un circulo fortificado de casi tres metros de altura, están erguidas, en posición de defensa y ataque y en lugar de poder rodearlas parece que son ellas las que nos tienen cercados.

De nuestras cloacas y estercoleros han llegado para ser ídolos de fuerza, agresivos, amenazantes, a los que nuestra mirada trata de ocultar en el reino de sombras y pesadillas que pueblan las visiones de ultratumba en las que vivimos y no queremos visitar, nos aterra su contagio.

Y estos tótem plenos de plasticidad nos hablan en un lenguaje mítico que entendemos perfectamente porque es el del horror que nos acosa cada día, cuando caminamos sobre un suelo cuya capa por debajo desea salir a la luz para imponernos su desprecio y abyección.

Katharina Fritsch, artista alemana, busca en esta obra mostrarnos claves que sean útiles por su impacto conceptual y emocional, que nos enseñen a ver lo cerca que está aquello de lo que no tenemos perspectiva porque es más cómodo invertirla.

Mi amigo Humberto guarda silencio, yo también, la pintura tampoco habla, y sólo las ratas del malecón, siempre hambrientas y sedientas, se acercan a nosotros para pedirnos un poco de ron. Necesitan estar embriagadas, nos dicen, para poder seguir maldiciendo.

MARINA ABRAMOVIC / INCISIONES

Marina Abramovic, artista nacida en Belgrado, utiliza su cuerpo como un instrumento de expiación y como un mapa o lienzo epidérmico donde inscribe con el acero la biografía de un sufrimiento, de un dolor al que le ha dotado de su propia queja de manifiesto público.

¿Por qué dar carácter estético a un “perfomance” fundamentado en infligirse a sí misma una tortura? ¿Por qué emplear la materia viva para crear un lenguaje visual en que la carne supura y la piel habla mediante una estrella de sangre?

El dramatismo de la imagen enlaza con las prácticas de flagelación y estigmatización, con pesadillas que nos surgen de pronto del lado ciego y sordo, de lo tenebroso y al mismo tiempo místico, de lo metafórico mortal en definitiva.

¿Es necesario que lo virtual se transforme en la esencia de una realidad cruda que ha de exceder los límites de lo simbólico para adentrarse en la divisoria donde el único retorno es la muerte?

El arte tiene como una de sus metas básicas el cuestionarse a sí mismo y en este caso este silogismo es más cierto que nunca.

Durante nuestro paseo de medianoche, aparece un mensajero desde el fondo más oscuro del espigón que dice llamarse Juan Manuel Colchero y presentarse como el edecán yoruba de su Señor. Nos conmina, en voz baja y prieta, a hacernos feligreses de la compañía de muertos del malecón. Se nos necesita para completar la nueva teodicea que dará a conocer en los próximos días a los habitante de la noche habanera. Cuando se fue no nos quedó más remedio que disfrazarnos de rata para escapar a un destino, sin ron y rumba, resucitado de las pinturas de El Bosco.

HUMBERTO JAIMES SÁNCHEZ / OQUEDADES

Humberto Jaimes Sánchez, artista venezolano, pintó esta obra con el fin de que las oquedades de un universo personal e íntimo quedasen abiertas a la luz y con ella a las portentosas transiciones cromáticas que forman parte de nuestras fosas humanas.

Desea que el color trascienda, se haga forma de un ser cuya ontología nos acerca al conocimiento de aquello ante lo que no podemos estar ciegos, que nos obliga a percibir lo que durante milenios ha estado en el subsuelo y todavía vive y respira dentro de su propia poesía.

Y esa vida no es una herramienta para destruir, tal y como aseguraba Baudelaire, sino para que la esencia plástica la defina, le dé sustancia y reconforte, tal como ha hecho este pintor.

El malecón le ha dicho a mi amigo Humberto que si no escupe o vomita sin límite ni descanso la materia pictórica, hará de él un condenado a perder los ojos eternamente y a habitar tinieblas que ya han sido encaladas de cieno para recibirlo. Al instante de oírlo, regurgitó perfiles y dibujos de injurias insatisfechas impidiendo que la libertad no escapase al orden impuesto por ese monstruo de piedra. ¡Maldita esclavitud!

DIEGO SIMANCAS GARCÍA / JUEGOS

Una vez que ya ha pasado la muerte con su procesión de despojos y nos ha dejado sin una parte de nuestra memoria histórica familiar, contemplo la obra del artista español Diego Simancas García como aquélla en la que fantasía y espacio se concitan para desenmascarar la función pertinaz del tiempo.

Y es gracias a que una figuración, entre lo artificioso y lo sensual, genera una visión aparentemente polivalente pero que guarda una lógica unitaria: música, baile, placer, juego y más en una base fragmentada anunciadora de un vacío negro que puede tragarse todo ese escenario, quizás por considerarlo frívolo cuando es sólo lúdico. Señal de que lo pictórico abre sus propias dudas e interrogantes.

Por eso, esos seres de colores suaves y fríos enlazan con las caricaturas que no son vivencias del tiempo sino de la búsqueda de otra existencia donde lo irreal sea real.

Y además ese dibujo dinámico encuentra en lo geométrico la senda por la que desfilan las formas que hacen de la curva la presencia de un ballet plástico que se recrea amable y secretamente en nuestra mirada.

Me habla mi amigo Humberto de un fenómeno extrañísimo que le ha ocurrido. Estando pintando el cuerpo de una joven mulata que le estaba sirviendo de modelo, ésta amorosamente le pide que no siga perdiendo el tiempo, que ella sabe como hacerlo mejor. Se queda pasmado cuando la vio introducirse en el lienzo y ya una vez dentro desvestirse por completo. Me confesó que era el mejor desnudo que había compuesto en su vida.