MIMO PALADINO (1948)

Paladino, artista italiano relacionado con la llamada transvanguardia, estuvo donde necesitaba ver, contempló lo que vislumbraba en lontananza, percibió lo que sería su quehacer y retornó.

Y se empeñó en una pintura que al mirarla nos hace evocar su propia historia, los conceptos propios de su génesis, ya sea a través de mitos o insepultas alegorías, pero desde unas claves que ahondan en la renovación formal, en la recuperación de unos procesos en los que una síntesis cromática infunde a la figuración un sentido plástico ajeno a toda solemnidad.

Su discurso es claro y definido y la vivencia estética tiene una función reveladora antes, ahora y después. Y ese significado obliga a interpretar su evolución desde dentro, seguirla y continuarla.

Su obra, de gran formato, es también otro homenaje a esta disciplina, y un esfuerzo, después de tantos años de pensar más que de apreciar y sentir, en aras a la consecución de una visión completa, dada en toda su integridad.

Han mediado varias jornadas de ausencia entre mi amigo Humberto y yo. El Malecón es un ídolo impávido ante nuestro reencuentro. Y nuestra esquina no goza de buena salud pues yace postrada en demanda de auxilio. La muerte todavía tiene estertores que ahogar, nos decimos. Y así es, seguirá esperando hasta mañana.

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