Mes: septiembre 2009

JOSÉ LUIS ZUMETA (1939)

  • A este artista vasco, José Luis Zumeta, no le cabe la pintura en donde poder alojarla, es tanta el ansia que por sí misma tiene de abarcar toda su constelación visual que el espacio le queda escaso, insuficiente. Aunque como puede observarse esta carencia no le impide después una racionalización y organización que ofrezca la apariencia de una vorágine artificiosa.
    • La acumulación de imágenes son por sí mismas un relato viviente que definen color, luz y un lugar en el marco de la superficie que a nosotros, espectadores, nos permite tomar nuestro tiempo en descifrar la volubilidad plástica de figuraciones o abstractos figurativos que siembran de proyecciones nuestra mirada.
      • Incluso hasta nos complacería estar dentro del lienzo para formar parte de ese teleológico caos liberador y participar de esa creación que lo fermenta todo mediante una trashumancia cromática que es trasunto del propio pintor.


      • Hoy el Malecón ha ordenado silencio, no quiere oír hablar de desdichas, hambres, resignaciones, ruegos, cárceles, condenados, mudos. El silencio es lo que de verdad le inspira y le hace palpitar la sombría mano del degüello, lista para ensartar pensamientos cerrados y vírgenes. Ni siquiera mi amigo Humberto y yo dejamos que el ron susurrase.

M.K.CIURLONIS (1875-1911)

No se trataba de ser músico o pintor sino de encarnar la música en la pintura. Y en ese empeño el artista lituano Ciurlonis perdió la razón en plena juventud.

Pero antes nos legó una obra que ensayaba registros plásticos en forma de proyecciones etéreas que se ligaban al trasfondo de un pensamiento en permanente ebullición.

Circundaba las ideas con abstracciones pictóricas que autentificaban y configuraban el asalto a unos coloquios existenciales que siempre fueron los espectros compañeros de su vida.

Y hay que reconocer que su trabajo obtuvo el reconocimiento de señalar itinerarios, de ser el antecedente de las tendencias que vendrían inmediatamente después.



Los druidas del norte han olido que éste es territorio de difuntos que no han dejado de moler grano y cantar salmodias de ahora es el momento de que nunca vaya a ser siempre. Y añade mi amigo Humberto, si el Malecón acaba convenciéndolos dejarán de tocar la gaita y se convertirán en ojeadores de pateras con un libro de himnos entre las manos.

GUILLERMO PÉREZ VILLALTA (1948)

El artista español Pérez Villalta excita y ensancha nuestra imaginación mostrándonos laberintos y escenarios que pudieron converger y confluir bañados con esa luz meridional y en el olimpo de ese supuesto mediterráneo que a través de toda su obra volvemos a conocer y recobrar.

Pero también experimentamos como espectadores el efecto de ser prisioneros voluntarios dentro de esas arquitecturas animadas, clásicas y míticas, convertidos en personajes que tienen un destino que sobrellevar a pesar de encontrarse en una realidad ficticia que se hace augurio en cada momento.

Él hace que la pintura se haga representación de otra representación y ésta se localice en tierra de extramuros para evitar que se enarbole como un canon académico, pues en su obra no lo hay ni podrá haberlo porque esa figuración se reinventa constantemente y atiende solamente a una segunda naturaleza y constitución que le sale de sí misma con el fin de que el artista pueda redescubrirse en la arena del tiempo no consumado.

ANTONIO SAURA (1930-1998)

En esta obra del gran artista español Antonio Saura vemos el gesto y el desgarro, la crueldad y la ferocidad, lo negro ominoso como la piel que siempre nos cubre y está presente para que no nos olvidemos de que la ceguera es nuestra inmortalidad.

Las manchas de palidez sobresalen de esa negrura como una forma de vida efímera, brutal, tétrica, que se devora a sí misma porque no es capaz de abarcarse. El pintor exorciza esa maldición expulsándola hacia afuera en un intento de que su visualización plástica reciba en la mirada del espectador un canto infectado de lo resucitado.

Obra para contemplar en crepúsculos mudos con la visión ahogada por los desaparecidos y los ausentes.

Mi amigo Humberto está aquejado de una catarsis que le hace torturar el papel con desafueros sacrílegos. Es un dolor que el isleño cubano revierte en tachaduras empapadas de sudor coloreado. ¿Son deudas a perdonar?

JAMES TURRELL (1943)

  • Atmósferas que aislan y encierran para estar a solas contigo mismo, que te penetran en la vaporosidad e incorporeidad que te envuelve y te rodea a través del azul frío que amortaja. Después viene el descendimiento sin la confesión destruida por el mortal hielo.
    Azul que se aviva o decrece en el interior de una ballena que te da que pensar en tu propia levedad flotante, en ese ser que se disgrega de ti para enfocarte con la irrealidad que muchas veces quieres desear, de la que deseas percibir el acontecimiento inesperado, la aparición extraña que te atraiga y seduzca.

    El norteamericano Turrell es un ilusionista que nos proporciona una caverna platónica en la que las ideas están desterradas y se exaltan las sensaciones y las intromisiones en el yo, un yo que no busca sino que experimenta, palpita y hasta presiente.

    Mi querido Humberto, el poder de tu mano ya no es firme, ya no aguanta los embates de este Malecón que nos tiene hastiados de tanta doctrina vertical. Y los ojos se cierran sin potestad para soñar. La pintura ya tiene el color del sudario con el que culminar estos años de éxtasis vacíos. Aprovéchala.

ÁNGEL FERRANT (1891-1961)

El artista español Ágel Ferrant concebía a la misma velocidad que respiraba, no había forma de pararlo. Todo su trabajo se fundamentaba en el convencimiento de que el recorrido no admitía pausas y de que el método no aceptaba esperas.

Si James McNeill Whistler proclamó que “el límite del arte es infinito”, nuestro escultor trataba de hacerlo realidad cada minuto con la creación de obras en las que el secreto de su origen era suyo, no había que buscarlo en otras fuentes. Por eso, las búsquedas eran inacabables e interminables y muchas veces con la insatisfacción de lo extraído, de lo hecho y hasta de lo deshecho.

Fue un precursor que vistió y arropó lo aéreo y volátil con sus propias formas, tejió lo imposible para hacer que mostrara su espíritu, que nos involucrara con las fintas y filigranas de su diálogo etéreo. Nosotros, como espectadores, antes estas sendas e hitos, viajamos, sentimos y pensamos. Que así sea siempre.

Amigo Humberto hoy no vuelan las gaviotas ni nos susurran las mujeres de piel sabrosa. Seguro que es por no haber dibujado tú un alba de sangre púrpura que amamante a tantos descarriados por estos derrumbes de sueños enterrados. Aunque es una deuda que no tendrás que pagar hasta que llegues a la sepultura y convides a ron.

ÁNGELES SANTOS (1911)

Cuando la catalana Ángeles Santos culmina esta excepcional obra era todavía una adolescente. Después fue internada por su familia en un psiquiátrico, ¿no tendría o debería haber sido al revés a la vista de sus consecuencias?

Su retorno a la pintura ya no fue el mismo, en ese largo paréntesis perdió la espontaneidad y la insignia de la visión, la conexión con la quimera.

Ella decía que soñaba mucho, demasiado, y que las fantasías oníricas la tenían a menudo despierta hasta que su materialización lograba el apogeo de la vivencia representada.

Tal es el ejemplo de este lienzo, que abarca la realización de una cosmovisión prodigiosa, con una estructuración y diseño del espacio fruto de una ejecución equilibrada, en la que la organización esférica ocupa y distribuye los distintos elementos en el orden adecuado a la consecución del efecto visual, el cual es acorde a la dimensión global del universo expresado.

Ella ha cumplido con traernos a la tierra la experiencia y la magia de esa visión y nosotros, espectadores, con agradecérselo toda la vida.

Mi amigo Humberto y yo buceamos al alba en los sinsabores plásticos de lo inhallado, por eso deambulamos sin descanso por la Potajera de Zapata, el Bim Bom de Infanta y 23, la Rotonda de Ciudad Deportiva, los baños del Quijote y el costado del cine Yara. Pero ya en la esquina del Malecón se nos acabó la angustia y la piel se arrugó con la escarcha de la muerte, esa energía verdadera que nos señala la silueta grabada en la materia.

RUSSELL CONNOR (1929)

  • Me he encontrado con esta “genial” impostura que tiene un trasfondo transgresor más humorístico que didáctico. El artista norteamericano Russell Connor se decantó por aunar autores, tiempos, estilos, movimientos y tendencias en un mismo espacio.
  • No tiene una intención mimética ni apologética, es una heterodoxia convencida de que en el presente y de cara al futuro la mistificación es admisible si no se oculta, si se plantea abiertamente. ¿Hay correspondencia entre Picasso y Rubens, entre Picasso y Manet? Sí y no, todo dependerá de las coordenadas en que insertemos los valores y creencias, los fines y contextos, lo sincrónico y lo diacrónico.

    • Lo cierto es que constituye una propuesta insólita, abierta a miradas conspicuas, lecturas divertidas, visiones sutiles o afirmativas, o sencillamente a críticas despectivas.
    • El arte si no es pura sorpresa dejaría de serlo puesto que necesitaríamos esa fascinación y asombro para indagar en la aventura de ser nosotros mismos.
    • Dos huidos corren por el Malecón y saltan al agua. Mi amigo Humberto y yo les decimos adiós y nos quedamos en la memoria con el dibujo imposible de una reaparición.

REINALDO MARTÍNEZ CAMPILLO (1968)

Lo isleño por su dimensión limitada es como un jeroglífico plástico que debe ser desentrañado sin que el conjunto de los símbolos vayan más allá de la propia percepción del espectador para que éste perfile, ordene, vislumbre y sondee. El joven artista cubano Campillo ha adquirido el talento pictórico para plasmar lo que en términos del ahora es un planimetría del paisaje y el terreno urbano en el que acontece una filosofía de la existencia entre luz y oscuridad. Los planos cromáticos a media luz delimitan contornos de sucesos y emociones sobre el vivir y su propia sombra, ésa que no aparece abandonar y renunciar nunca.

Y por el contrario esa depuración de la ciudad adquiere el virtuosismo que se engrana en parajes que con su distinta tonalidad se identifican dentro de una geografía que no permite que queden opacadas, que hagan de la pictoricidad su forma de ser y su circunstancia. Ésa ha sido la voluntad insoslayable del autor.

No cabe duda de que es una obra de tiempos y espacios que se sienten y se habitan, que aglutinan sensaciones y evocan ecos de nuestro presente, con experiencias que aprendemos a entender con otra mirada, y que además la luz es una pátina real entre tanta densidad de crepúsculos metafóricos que reclaman el acervo del ver de antaño. Tiene la capacidad para encontrar el modo de llegar a contemplar lo cercano con tantos ojos como podamos abrir.

Hoy, la oscuridad espanta, las olas son espectros armados con hoces, la luna se ha ido a enamorarse a Marte y el Malecón es una línea divisoria entre el dolor y la angustia. Ni gozando con la Sinfónica Nacional nos sacan de esta zozobra y pesadumbre.

DAVID SALLE (1952)

Es un dinamismo de animación que no deja margen ni espacio para que la mirada tome una pausa. El artista norteamericano Salle concibe la pintura como un torbellino en perpetua ebullición de imágenes que se interrogan y complementan entre sí. Y con ello se propone llegar a un estadio en que toda la recopilación y sinopsis son posibles sin que la profusión iconográfica se desvíe de su meta tangible. Es la ambición de llegar a lo absoluto pero conservando la ironía por si tal logro es imposible.

La arriesgada carga cromática ha absorbido la precisión de peripecias y hazañas precedentes, ha dimensionado en destellos y resplandores unos episodios, y en otros ha dejado que su fecundidad se haya movido con el ritmo que necesitaba.

Obra exuberante y rica en sucesos que nos transporta sobre una marea plagada de imaginarios, de iluminaciones, de retablos en que se aposentan encarnaciones revestidas de falsa solemnidad, de una plasticidad que no para de morderse la cola.

  • Te estás fumando la vida, amigo Humberto, le digo. Es que en este Malecón, me responde, los sudores maquillan la razón y los ojos lloviznan. Mejor callarse, le comento, hay ventanas con orejas y orejas con ventanas.