WIFREDO LAM (1902-1982) / UNA COSMOGONÍA PROPIA

Si fuese el dueño y señor de un universo propio no dudaría en acudir la gran artista cubano Wifredo Lam para que le insuflase la cosmogonía visual que tuviese en él el símbolo de una obra que ha nacido para recuperar y rescatar la estética de unos rasgos y caracteres ancestrales cuya plasticidad, sagrada e inmanente, había quedado olvidada.

Y lo más asombroso es que esa restitución del origen se lleva a efecto por el artista desde premisas pictóricas contemporáneas, que le permiten afilar y desnudar más y mejor lo oculto de lo mágico y lo ritual hasta convertirlo en un mundo encallado en unos genes recónditos que son su herencia y descendencia.

No oculto mi preferencia impenitente por Lam, que me ha calado tan hondo y vehemente porque refulge en su trabajo unas convicciones tan penetrantes, incisivas y confiscadoras como para que en la percepción ontológica del espectador se produzca una identificación óptica y cerebral con sus propiedades.

Esta obra, en concreto, es, en mi particular obsesión y malformación, una maternidad divina mortuoria rodeada de sus hijos en un cielo que es el manto del dios macho que extiende sus grandes cuernos y su túnica, en una imagen en la que no cabe ya más densidad, prodigio, sugestión e incitación, cuyo encantamiento sobrepasa los umbrales de nuestro imaginario.

Mi amigo Humberto ha vuelto a quejarse de que El Malecón ha hecho huir a la ninfa que construía sus quimeras y les daba brillo al amanecer. Ahora ha perdido el rastro de como elevar al cielo el color que habla de los rayos que nunca vieron la luz. Desciende al abismo de este mar asesino y allí los hallarás, le digo. Y acabamos el ron con el que dibujamos la sombra estigia del retorno.

Un comentario sobre “WIFREDO LAM (1902-1982) / UNA COSMOGONÍA PROPIA

  1. 🙂 Está muy buena la obra. Al verla me he imaginado que las pequeñas cabecitas, son los hijos de un toro y el demonio ;-)Aun así, y a pesar de ser seres agresivos, bravos y muy malvados, a sus hijos los aman y cuidan. El demonio de los infiernos no existe, sí el demonio que hay en la tierra, y se llama hombre. Es el mismo hombre que maltrata a la mujer, pero si cabe en él, el amor por sus descendientes, los cuida entre plumas y algodones. Dichos descendientes nacieron de las mujeres a las que él odia y utiliza y maltrata.Sé que es un comentario malo, pero es lo que me transmite esta obra.Con respeto al autor, y a ti que lo muestras.Saludos

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