GUSTAVO DÍAZ SOSA (1983)/ INSULARIDAD

  • La insularidad es o pretende ser un ejercicio de autoafirmación. Y también un ir en círculo, en zigzag, en racimo. Acudimos para estar juntos y así estrechar la superficie. O marchamos en fila para alargar el espacio. Lo que nos ha de salvar, prodigios aparte, es el establecimiento de líneas de encuentro y reunión en un escenario que nos parece difuso, que al mismo tiempo que debería ser nuestro aparenta una inconsistencia que nos induce a sospechar que va quedándose en esqueleto
    • Pues lo que el cubano DÍAZ SOSA confiere al soporte es una materia isleña en que lo humano alcanza un vértigo existencial, en el que la masa es soledad caminando en busca de otra que la acompañe y tienda a esbozar con ella el horizonte de una nada.
      • La coherencia capta lo minúsculo en su grandeza vencida, en esos tirantes que los minimizan a fin de imponerles límites y transferirles la vacuidad destinada a provocarles desencuentros, ámbitos reducidos y enloquecidos.

        • Desde luego, la pintura es magnífica cuando logra configurar esos acercamientos a la síntesis de una realidad que transporta a la mirada a partir de la identificación de su reverso.

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