Mes: junio 2010

ERNESTO NETO (1964) / ¿ESPACIO VACIADO?

  • Decía Wilhelm Worringer hace ya muchos años que el existencialismo en las artes plásticas era un espacio rigurosamente vaciado, tanto anímica como espiritualmente, de atmósfera y de sentimiento, llegando a proclamar la muerte de la cosidad hasta convertirla en desnuda objetividad.
    • Pero las instalaciones del brasileño NETO no encajan en ese espacio, al contrario están rebosantes de atmósferas y sentimientos que estallan en esas níveas grutas góticas que despliegan sus capacidades y dimensiones en los límites del asalto a sensaciones intangibles.
      • Sí que no puedo dejar de comprender al teórico alemán cuando afirma que hay que partir de un vivenciar y revivenciar contemplativo y que la soberanía de los medios de expresión artística tiende a regular el proceso plástico, además de que actualmente dichos medios se han convertido en primordiales y constitucionalmente determinantes de su método.

        • Todo ello es cierto, mas como él mismo reconoce tal logro no sería posible sin un lenguaje que, en última instancia, está dictado por una potencia evolutiva suprapersonal del artista.
          • Por tanto, el conjunto de esta obra revela una magnitud constructiva inimaginable -tanto en recursos como en planificación e idearios- de la que cuando estamos en su interior y en su entorno percibimos la emanación del límpido tañido de un flujo de emociones que nos integra en los intersticios corporales que perforan la materia. Un pensamiento visual acaba de despertarse en el centro de un limbo creado para una singular transmutación.

            • Finalmente, puede que sea el único en divisar mas ya no veo espacios vacíos, los que observo ocupan y versifican la frágil contextura que conforma una mirada que cada momento está más cargada de invidencia y oscurecimiento.

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GINO DE DOMINICIS (1947-1998) / REINICIAR LA FORMA

  • No hacemos más que detenernos antes campos de contemplación que nos involucran en dudas y silencios. También en asombros y raras emociones.
    • Con la obra del italiano DE DOMINICIS ocurre tal fenómeno óptico que no son necesarias explicaciones y penetrantes análisis, tal vez calladas incertidumbres y sospechas. Una plástica demasiado letal para verla pacíficamente. Y, sin embargo, no debemos dejar de saludar en ella la creación impertérrita entre renglones impropios, los cuales viene a solazarse con su impostura e invitarnos a acudir en distintas direcciones, secretas unas e inciertas otras.
      • Confiamos en haber asumido esa aparentemente invocadora estética sosteniendo intensos diálogos visuales y no permitiendo que esas formas reinicien de nuevo delante de nosotros, espectadores, lo que ya se ha consumido desde el origen. No hay que ceder al engaño, se trata de quedarnos en ese desengaño visual que atiza nuestra memoria con visiones imposibles de tan ilícitas y desnudas.

        • Por último, no pasemos ante estas formas sin decir adiós y esperar el reencuentro, haya o no haya tiempo para llevarlo a cabo, pues en el fondo de eso se trata.


          Las colas ante El Malecón son las más grandes, no hay otro lugar en que sean tan explícitas y duraderas. Mi amigo Humberto y yo facilitamos el orden y un sonido sin desdén. Nos bañamos siguiendo estelas sucesivas y sacrificamos la huida al retorno. No nos dan ron pero nadamos como si estuviésemos envueltos en él.

NIGEL COOKE (1973) / DESTIERROS HACIA DENTRO

  • Nos buscamos en el exterior esgrimiendo una bandera inútil o un grito impreciso, y si estamos dentro queremos salir para siempre de ese interior en que reina la fealdad y el destierro.
    • Y si se escapa uno configurando su propia incógnita lo tachan de ser un epígono que no sabe asumir la adversidad de que lo representado no tiene ya el misterio de lo sagrado. Sin embargo, el irlandés del norte COOKE postula que los códigos, todos los códigos culturales, reglamentan sombras vacías y lo que él pinta son excreciencias, espectros de espíritus impuros que únicamente abarcan contornos de clandestinidad muerta. Así han de llenarse para seguir más vacías y más comunicativas.

      No son ni siquiera enigmas, las tonalidades en penumbra nos lo advierten, son opacidades que revocan lo que creemos ver, pues vivimos de apariencias pero no existimos con ellas. Necesitamos, aunque algunos piensen y declaren que ya no, que lo imprevisto no se agote, sea cual sea su significado y magnitud. El arte está basado en ello y no en una filosofía de la imagen que no es más cierta que una mirada ni más sabia que un sentido alumbrado en la tela.

      • Se trata de que el lenguaje plástico palpite y extienda esa palpitación, ese latido a donde no lo había, llenando de este modo esas concavidades de siluetas y mundos febriles.