VICENTE RODRÍGUEZ BONACHEA (1957) / TAMPOCO PODÍA FALTAR

  • Parece que nos evadimos y estamos en cambio más adentro que antes. Partimos de la suposición íntima de otros hemisferios visuales y no nos percatamos de que son parte de nosotros mismos. Nos rodeamos de halos de misterio, de fenómenos vivientes de luz y sombra, como si el trópico fuera un resplandor de ciclos biológicos, morfológicos y fisiológicos.

  • Tal realización no podía ser más que de otro artista cubano, BONACHEA, cuyas obras son atmósferas exteriores donde se acuna la sensación contemplativa de la magia en la que se ve inmovilizada la mirada. Aferrarnos como espectadores a esa imaginería es el vehículo para una epifanía inagotable, abierta a los testimonios pictóricos de una concepción cromática que gravita sobre la definición de una superficie que si la observamos detenidamente podemos conjugarla con los retazos ópticos de nuestra condición más humana e imaginativa.


    • Mientras haya horizontes de rumbo tan nítido, la plástica cubana seguirá siendo señalizadora, indicadora de formas, fondos, estructuras, visiones, medidas y sueños cargados de realidad.

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