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- Otro canario que se me había pasado por alto, DOMÍNGUEZ, el inventor de la delcacomanía y de síntesis que han perdido la razón pero nunca han traicionado.
Éste ha sido un gran urdidor, no cejaba en la búsqueda de tramas y conjuras, eran apariciones que no dejaban de emerger y de latir. No se conformaba con saber hallarlas, había que adulterarlas con la angustia permanente, con el sentido inmanente, insondable que se agita en el fondo del vaso.
Dinamismo, decisión, vértigo de lo preciso que anida por debajo, que huele a desprendimiento, a impiedad del perdón. No hay esperanza, se ha quedado ciega, y por eso crea un hombre de pesadillas, de oscuros templos en los que celebrar ceremonias jubilosas sin espíritu.
El suicidio truncó formas, pasiones y paisajes cromáticos, visiones de un vivir gastado y destruido. Allá quedó, donde el tiempo es un cero que engendra, y troncos, raíces y ramas bastan a la naturaleza para construir un caballo (Alberto Vigil-Escalera).

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