GREGORIO PRIETO (1897-1992) / ENTERRADO

Entre sueños clásicos, paisajes oníricos, estatuas orientales, autómatas, visiones enterradas, discurre la obra del español PRIETO.

Infunde un soplo de sensaciones incontenibles ese sentido escénico, de colores precisos que encuentran la senda temática a la que imbuir de un alarde mágico y luminoso.

Como si hubiera nostalgias, se suceden las representaciones bañadas en la suntuosidad de la forma y su plasmación, en la generosidad de un imaginario que bebe en fuentes inagotables.

Llegó hasta alcanzar la culminación de crear una sinopsis de una formulación cargada de resonancias y ecos, de emociones pegadas a la realidad pictórica de lo que se quiere transmitir. No abarcaba más que lo justo, lo imprescindible, pero lo hacía desde una posición plena de realizaciones sobresalientes.

Nos dejó la mirada integrada en recreaciones oníricas, misteriosas, con un halo poderoso abierto a imaginaciones visibles e inolvidables.

Para él era como un letrero luminoso colgado del cielo que decía: ¡Mátate!, y que se reflejaba múltiple en las aguas puras de la fuente. Y su pensamiento asoció: reloj, luna y orden. Y pensó en el suicidio (Alberto Vigil-Escalera Alonso).

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