Mes: abril 2011

DANA SCHUTZ (1976) / PLACER DE MIRAR

Desde el Renacimiento los retratos siguen siendo motivo de indagación -el arte del retrato, desaparecido desde el siglo V, fue recuperado al cabo de nueve siglos, en la Europa cristiana-. Es lo humano, nos decimos, es su referencia, lo que con el cara a cara no podemos captar, desentrañar.
Así fue como sucesivamente cambiaron, mudaron conforme a realidades, creencias, situaciones y circunstancias. Lo plástico se hacía necesario para que el placer de mirar se fundiese con la singularidad de aprehender y percibir. Y asimilar y discernir.
Sin embargo, la norteamericana SCHUTZ se puso en contra ante tantas y demasiadas apariencias, giros, perfiles, rasgos en círculo, ovales, se requería, visto el contexto social y cultural, otra manera.
Si no hay más circunloquios y evasivas, hay que ser lacónico y plantear una pintura de vivos anegados en su propia belleza del horror. Hasta la parturienta tuerce su mirada hacia el paisaje de un edén ilusorio, el suyo y en el que encaja.
¿Qué sentimos ante el impacto de estas formas a las que el color presta su carácter grotesco? Seguramente iluminación por lo que no se había detectado, de una elocuencia que ya no es la de mercado, se basa en el espasmo que penetra, en el dolor visual que al final nos ahuyenta.
Ya no hay bienvenidas para esos extraños, ni humanidad para sus despojos, sólo un buen lugar donde dejarlos a recaudo por toda una eternidad bien pagada.

El alma está serena, sentada.
El cielo extiende su papel difuso.
Este hombre vivió jugando y puso
su vida al tablero: lúcida jugada.
(Blas de Otero).

HERMANOS DINOS Y JAKE CHAPMAN (1962/1966) / TODAVÍA NOS FALTAN MÁS AUTORRETRATOS

Estamos ante la obra de dos depredadores, los hermanos CHAPMAN, que como buenos británicos son pacientes, circunspectos y mesurados. Tienen ante sí el desafío de comprenderse y que estos signos metafísicos entren en un sistema comunicativo dentro del contexto socio-cultural y acaben siendo un fenómeno histórico-social.
Sin embargo, no son necesarios tantos bombos y platillos, nos sale así, dicen, porque andamos buscando lo que somos, lo que nos retrata, los amores que matan, las mujeres que espantan y con el sexo intacto, las osamentas que pasan y te besan entre mascotas copiosas.
No queremos provocar sino filtrar, entre alharacas y bacanales, un mecanismo de oposiciones lingüísticas sin codificaciones abusivas, ¿o será a la inversa? Lo importante es que esta iconografía de autorretratos sea un exponente visual, estético, que forme parte de la histeria artística del nuevo Renacimiento.
Nadie puede negarnos esa ambición ni rechazarnos. Tampoco rehusar el prodigio de unos términos que se amparan en su contrario, al fin y al cabo somos dionisíacos del siglo XXI y ya no están de moda las persecuciones.
Entretanto, no hay altares que no profanemos y la alegría de bendiciones que dispensamos. Somos incontinencia y desenfreno, ironía, parodia y hasta dar por el culo a la novia. Sí, querido espectador, míranos bien ya que el sentido escatológico de esas piezas es tan tuyo como nuestro por mucho que lo mantengas oculto, escondido bajo una losa del baño o en la taza del retrete. De sacarlo, incluso tendrás coyunda con él.

Aquella muchacha que se casó conmigo,
un poco mulata y muy sentimental, se compró las Obras de Platón.
Tenía labios de mulata,
tenía al hablar un dejo de mulata,
tenía caderas de mulata,
se compró las Obras de Platón.
(Blas de Otero).

FRANKO B. (1960) / EL CUERPO TIENE MÁS EGO QUE YO

La soledad es la que mejor marca las incisiones en mi cuerpo. La exhibo para no perderla, pues de hacerlo quedaría indefenso ante la mirada de los demás, sabrían que estoy sin memoria y que ya no formo parte de un destino.
Por eso los perfomances, instalaciones, dramaturgias de este londinense que busca en su constitución la sangre que necesita para narrarse, dejando aleluyas de testigos tatuados y exaltaciones como recurso para verse de vez en cuando el ombligo.
Conforma un aparato vertiginoso, se esconde detrás de él y mientras los espectadores calculan el fondo del aguante, invierte los términos de la impostura. De salir victorioso, la eyaculación sanguínea penetra bajo una capa de turbiedad física y cromática hasta el simulacro final de la catarsis.
Cada acto que acomete es una variación de purga que se escenifica como el final de un vientre y el principio de otro hasta ser muchos. La verdad es que yo no podría con tantos por muy alborozados y prietos que estuviesen.
Contemplé tanto la belleza que mi visión le pertenece (Kavafis).

ALEXANDER DEINEKA (1899-1969) / LA ÉPICA SE PINTA SOLA

Teníamos un ideal y había que morir por él, teníamos un sentido de la historia y del futuro y había que vencer, el materialismo dialéctico cabalgaba en las puntas de nuestros fusiles y había que disparar.
Y sin embargo nunca llegamos y culminamos, somos protagonistas de una épica de zapatillas gastadas, mesa camilla y brasero.
Pero el ruso DEINEKA afiló sus pinceles, tocó las húmedas superficies, movió cuerpos de héroes brillantes, tersos e hizo brotar paisajes de epopeya.
También dejó rastros de muertos, de derrotados, de bombas y destrucciones, de sangrientas luces, pues sin ellos no hay emociones y sensaciones visuales de logro, de resonante victoria.
Utilizó el vocabulario cromático con una magia táctica de ampliación de un realismo de encantos triunfalistas, no subrayando la espesura sino arbitrando secuencias ágiles, dinámicas. Con ello no es que no quiera ahorrar lo sombrío pero lo sitúa en las coordenadas de un estilo preciso, generador de imágenes cuyo propósito es vehicular tiempo, relato, ideología, convicción y nuevos enfoques iconográficos en una síntesis compacta y pletórica.
Es un realismo socialista muy “sui géneris”, más conductor de búsquedas cargadas de ideario estético que burocracias fumigadoras de brotes pictóricos auténticos.

En lo que a mí respecta celebro que así haya sido aunque se haya quedado corto, menguado de espíritu y de respuesta.

Quiero besar el marfil de la mudez penúltima,
cuando el mar se retira apresurándose,
cuando sobre la arena quedan solo unas conchas,
unas frías escamas de unos peces amándose.
(Vicente Aleixandre).

HUMBERTO VIÑAS / VIRGINIDADES IMPOSIBLES PARA SENTIRME DENTRO DE UN MURO MÁS SECRETO

Un amanecer sin rostro, el lienzo apagado y aguardando el gesto para encenderlo. Recuerda que el pintar exige la celebración respetuosa de los materiales, los azares, los gestos, los impulsos, las espontaneidades ancestrales de la vida humana cuando traza signos (Jean Dubuffet).
Yo no puedo renunciar, como hizo y proclamó Tinguely, al romanticismo polvoriento del pincel, de la paleta, del lienzo y del bastidor para crear máquinas artistas, porque éstas, en Cuba, son tan pocas que tienen que estar en funcionamiento permanente y ni siquiera se les permite romperse. Y además para mí la pintura misma es el color.
Pero lo que es más difícil no olvidar es que los cuadros que no se olvidan son los que enseñan cómo mirarlos y cómo mirar. La contemplación de la obra de arte es en sí un descanso activo (Marc Fumaroli).
Me dice el cubano Humberto que cada vez sus colores le llevan a una visión más imposible, la de esas vírgenes profanas que cultivan un Malecón vegetal en penumbra, que tallan plantas de vida en arcanos de muerte, que ni lloran ni se agarran a un sexo insurrecto. Siembran como si fuesen diosas del pop, recogen la flor pensando en Matisse, se acarician imaginando la simiente de Picasso, matarían por ser una huida de Miró.
Cuando acaba el artista habanero de amañar esta imposibilidades vírgenes, cierra tumbas en el cementerio, comparte ron con los aún moribundos y manosea los pechos de su mulata de piel enguantada. No hace nada más que preguntarse porque a él no le salen en la tela tan redondos y prietos. Abandona el camposanto con los responsos dados con el humo de un habano enterrador.

Son muertos acabados.
Quizás aún no empezados.
Algunos han amado. Otros hablaron mucho.
Y se explican. Inútil. Nadie escucha a los vivos.
Pero los muertos callan con más justos silencios.
(Vicente Aleixandre).

LA MIRADA PERDIDA / COLECCIONES DE LA DIÁSPORA

En la sala de la Delegación del Principadode Asturias en Madrid hay unas cuantas miradas que perder estos días.

Con EVARISTO VALLE tocamos y nos reconocemos en el abismo de la tierra o en una tierra de abismo.

A través de NICANOR PIÑOLE el paisaje nos habita, nos desprende subiendo al cielo, bajando después a la piedra yerta.

En cambio, VAQUERO PALACIOS deslinda lomas templadas y vestidas entre vetas y surcos de luces amarillas con remontes negros.

AURELIO SUÁREZ nos hace caminar entre la magia gracias a un elixir cautivo extrayendo noches de ensueño.

Pero para JOSÉ MARÍA NAVASCUÉS es la materia grabada surgiendo como un silencio que repica, son formas preñadas y a pesar de ello suenan a muerto.

Y en cuanto llegamos a ÚRCULO nos inclinamos sobre sus cuerpos desnudos y nos llega el clamor de vaginas lujosas que destilan más que el suave roce de un rumor.

Mientras, ese final sale despavorido porque ya han aparecido las tinieblas de LUIS FERNÁNDEZ descorriendo muecas, anunciando muertes y celebrando la finitud de tiempos y horrores.

Le acompaña el gran ORLANDO PELAYO y su cohorte de infantes y vírgenes que vomitan los cánticos de una belleza siniestra, incomparable en su majestad fermentada.

Asturias tiene mucho más que ofrecer, pues su barro ha crecido entre el grito del muerto y la desolación del vivo, con el carbón por enseña y la matriz de un acero ceniciento.

Y en el cielo nocturno, cuajado de livideces huecas,
no hay sino dolor,
pues hay memoria, soledad, y olvido
(Vicente Aleixandre).

HEDDA STERNE (1916-2011) / ¿NECESITO EL CONCEPTO?

Mientras que la historia del poder es la historia de la idea corrompida y traicionada, en el arte la traición es el signo de lo provisional y por eso el significado está en un constante proceso de evolución (Derrida).
STERNE, estadounidense nacida en Rumanía y recientemente fallecida, es conspiradora y delatora porque utiliza el medio como un universo que emite tanto como opone, que tiene al espacio como lugar de sediciones, como úteros de autómatas, máquinas, artilugios, formas, círculos impenetrables pero posibles.
Son como mecanismos que fomentan miradas opcionales, contemplaciones escépticas, que nos hacen ver que las transformaciones no se apagan nunca, y aclaran y explican que el imaginario es el tiempo de evocación y alumbramiento compartidos.
En estas obras de una racionalización en busca de un delirio que vaticine la iconografía del futuro, su solvencia y su verdad tienen la humildad de un reconocimiento entre dudas, reflexiones y preguntas. Rigen sendas entre lavados plásticos opositores, que regurgitan contra viento y marea si no se topan con esa indefinible pureza de la que se creen hechos y listos para la cópula.

Yo soy aquel que inventa las afirmaciones de espaldas, el que acusa al subsuelo de sus culpas abiertas. El que sabe que el mar se levantaría como una lápida. La sequedad de mi latrocinio es este vil abismo en que se revuelven los gusanos (Vicente Aleixandre).

DANIEL VERBIS (1968) / LIPOSUCCIÓN DE LO VISUAL

No muchas veces es gratificante que la sensibilidad plástica llegue a culminar representaciones aparentemente sin objeto, culminación de lo que las exigencias del ahora enmarcan dentro del ámbito visual.
Se experimenta con la ampliación de desarrollos del medio, de la luz, del espacio y del contexto. No se suprimen los que se fueron sino que se renuevan hasta hacerse otros, más plásticos, más únicos, más portadores de nuevos sistemas, guías, encuadres, llenos y vacíos, sin olvidar sus tentaciones formalistas.
Quizá el español VERBIS haya leído lo que escribió Apollinaire respecto a que los poetas y los artistas determinan de común acuerdo el aspecto de su época y el porvenir, dócilmente, se aviene a su parecer.
En este caso, el artista sabiamente combina escenario, ambiente y acontecimiento, y la morfología de la sustancia fáctica se hace más presente que nunca. Lo empírico y lo conceptual se someten a una danza y desde sus pasos propagan lo concebido hasta exaltar sin ninguna reticencia lo procesado y operado, encajando, conectando, globalizando, modulando y aplicando.
Y no hay tanta planificación como supuestamente se piensa, no la hay porque, de lo contrario, este cúmulo visionario estaría desprovisto de la esencia excitable y sensitiva de lo perceptible y de la ceremonia ineludible de su contemplación.

La verdad es una mentira; la moralidad apesta; la belleza es una mierda. Y por supuesto tienen toda la razón. La verdad es un comunicado de la Casa Blanca; la moralidad es la mayoría moral; la belleza es una mujer desnuda anunciando un perfume. Y por supuesto también están equivocados. La verdad, la moralidad y la belleza son demasiado importantes como para que se las entreguemos al adversario político (Eagleton).

JOSÉ ANTONIO ORTS (1955) / ATISBOS REMOTOS

En el español ORTS todo es encantamiento, casi un territorio de conjuros, una sociedad secreta de susurros y cantos silenciosos.
Todas las proporciones de esas ubérrimas instalaciones están ideadas para obtener la máxima plasticidad y en función de visiones sobre la historia y naturaleza de la materia, sus verdades binarias -pesado/liviano, volátil/sólido-, sus particiones, sus criaturas metafóricas, la intensidad de sus goces cuando se articulan, pueblan, habitan espacios sonoros y abovedados.
Nacen como pequeños hongos, crecen, desprenden luz, navegan por el aire, se agitan o están quietos, son muchos hablando, escuchando y mirando.
Partiendo de la base de que el uso que se hace de las cosas es más importante que la condición de ellas mismas, el artista suscita ámbitos inesperados con ese tratamiento tan sutil de su medio, con esa identificación con el mismo, con esa definición que todo lo organiza, lo presiente, lo finaliza hasta la consecución de un lirismo que pone a prueba el ser contemplativo de los que somos y de lo que seremos si aceptamos su invitación. Magnífico suceso y magnífica manifestación de lo que esta vez no ha podido ser esa inyección de lo nuevo que por exigencias del mercado nos hace perder tantas creaciones por el camino.

Unas veces
mármol duro,
otros,
cuando va en creces,
gris y negro como aletas de los peces.
(Alberto Vigil-Escalera).

FÉLIX LABISSE (1905-1982) / PENETRAR

El arte es el único medio que permite retener, fijar la emoción de la experiencia que el hombre -dolorosamente habituado a experiencias que le parecen desprovistas de contenido- sólo alcanza excepcionalmente (Francesc Vicens).
Respecto a esta obra esta aseveración es total, como también la de André Breton referente a que lo admirable en lo fantástico es que desaparece lo fantástico: únicamente existe lo real. Por eso, querida imaginación, lo que más quiero en ti es que no perdonas.
Y es que un perdón sobra si el encuentro con la fantasía se produce en su propia dimensión, que es lo que el francés LABISSE nos ha entregado entre diálogos pintados de unas realidades que abruman por las verdades que van aposentando.
La práctica plástica también atesora brujerías, misterios, hechizos -la flora y la fauna del surrealismo son inconfesables (Breton)-, cuya transfiguración no alcanza ni el asomo si no hay autores guardianes que oficien de demiurgos. Que les tilden de surrealistas no es lo importante, que fascinen con su lenguaje, sea críptico o no, es otra cosa.

Ante estas obras la mirada llena vacíos, juega a penetrar los cromáticos secretos, a bañarse con ellos, palparlos como si fuesen emanaciones de sueños, dejar que se liberen a lo largo de las vidas pendientes.

Lo que creíamos recóndito se nos ha devuelto en forma presente y clara.

Axilas, pescado putrefacto,
Me siento a mí, es real el enmudecer,
La celeridad de la hora marcada entre paneles
Va terminando un día cualquiera, la cuesta
Vale por averiguar desamparos de leche fría.
Porvenir de nubes, algún día, agua dosificada,
La mancha limpia de la ciudad está ausente.
(José Álvarez Vélez).