Mes: mayo 2011

ANTHONY CARO (1924) / ¿QUÉ ME VOY A ENCONTRAR HOY?

La materia resucita, se levanta y hasta canta. Ella misma, a través del intermediario, se ensambla, se crea, purifica o pervierte su naturaleza, dependiendo del sentimiento de encontrarse viva.
Al ubicarse en un espacio acorde, el inglés CARO la fuerza reinventarse, a satisfacerse entre lo aéreo y lo pesado, el volumen y el vacío, la cavidad y el entrecruzamiento sólido, compacto.
Es un sinfín de formas que se cruzan, se interpenetran, accionan, se desnudan o se visten; hacen de sí mismas y de su masa o sustancia un ideario cuyos valores no están predeterminados, se cimentan como versos buscando la existencia de otros.
Obras que no abandonan una progresión en suspenso, un movimiento quieto asomado a sí mismo, que le muestran al espectador que hay estar concibiendo sin la medida del tiempo y con la concupiscencia del cielo, que sin este universo no seguiría existiendo.

La melancolía
me mortifica.
El cuerpo desangrado
me desangra
la poesía.
(Giuseppe Ungaretti).

NINO LONGOBARDI (1953) / ME DICEN QUE NO PUEDO SEGUIR JUGANDO

Yo, como italiano, le digo a Paul McCarthy que no se ha perdido en nuestra cultura la auténtica percepción de la existencia; ni siquiera la oculto, al contrario la muestro como prueba de ese juego fascinante que es el fin de la misma volviendo a la vida.
Y si, según él, lo único que hacemos es vagar por lo que nos parece que es la realidad, yo merodeo por la construcción de sus referencias, crónicas y llamadas desde otras reseñas y relaciones. Que, además, no soy consciente de que estoy vivo, me increpa, pues estoy muerto, sin embargo, existo, siento, respiro, y comparto.
LONGOBARDI, perteneciente a la transvanguardia, nos sorprende con la idea puesta y ya dormida, con la siesta plácida del que no se arriesga y se salva de la ingravidez del averno. Él está aquí para eso, para que el descanso eterno se vaya con incienso y con la dicha de mirar lo cierto.

Con la huida luz, murieron los colores
y el vivir ya no pertenece
más que a persecuciones de espectros.

El pensamiento se ahoga en los recuerdos
y sólo la sombra acompaña mi paso.
(Giuseppe Ungaretti).

ERIC FONTENEAU (1954) / NO HE ANDADO POR SITIOS QUE NO CONOZCO

Una visualización esta que sitúa nuestra relación en un espacio imaginado, mucho más inmenso que el me coloca ante él y del que desconocía su plasticidad como referencia más allá del soporte que lo limita.
Es una imaginería topográfica que juega con nuestra seguridad, nuestra orientación, la traslación de una percepción en constante movimiento que nos lleva, como espectadores, a una invocación del viaje por una cosmografía que acabamos de descubrir.
De que el francés FONTENEAU es un experto cartógrafo no parece haber duda, pero no es esa la intencionalidad de su obra, lo que pretende es que la idea sea una sensación que al mismo tiempo que elucubra, sueña, que el conocimiento sea fantasía en su más incondicional realidad artística.
En su proceso de construcción late una formulación muy definida de transmisión de datos, mensajes e intuiciones, tal como lo refleja una estructuración muy bien orquestada e interrelacionada, con lo cual podemos rebobinar la mirada y la fascinación que nace de ella.

¡Amado sea
el que tiene hambre o sed, pero no tiene
hambre con qué saciar toda su sed,
ni sed con qué saciar todas sus hambres!
(César Vallejo).

LOS POST MÁS VISITADOS / NO HAY RAZONES PARA MORIRSE DE INVISIBILIDAD

En los casi 800 post que han salido a la luz en este blog, los lectores y visitantes nos han deparado algunas sorpresas, empezando por el de mayor contemplación, el de ALEJANDRO OBREGÓN, colombiano nacido en España, de visiones aciagas y amenazantes.
Le sigue el concerniente al alemán LOVIS CORINTH, ya alejado de nuestro tiempo aunque para muchos parece que es hoy, y su sentido visionario; viene después el correspondiente a RON MUECK y su obra hiperrealista.
Tras ellos, el perteneciente a HEDDA STERNE y sus úteros de autómatas.
Inmediatamente prosiguen los de RUDOLPH HAUSNER, HANS HOFMANN y CARMEN LAFFÖN (el primer representante español). Y ya, en posiciones más atrasadas, los relativos a GABRIEL OROZCO, DANIEL CANOGAR (un segundo artista español) y VINCENT DESIDERIO.

De todas formas, una clasificación de esta índole es un dato que debe mucho al azar y a lo oportuno de un momento o una búsqueda indeterminada que intenta dar forma al silencio.

Y también al hecho de que las imágenes que importan son aquellas que resultan cercanas, inspiradoras, abiertas, no tanto por su virtuosismo técnico y espectacular como por la calidad de la obra y del artista.

También se ha afirmado asimismo que basta con que un autor declare la intencionalidad artística del objeto y un importante crítico o comisario de exposición lo avale para que nazca una obra de arte (Natalia Aspesi). Creo que esta modesta estadística, con todas sus carencias, implica y demuestra todo lo contrario. La apreciación artística ahora es un hecho que no ofrece dudas.

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
(César Vallejo).

JEAN MICHEL ALBEROLA (1953) / LA LECTURA PINTADA DE FRONTONES

Cuando se suponía que el arte de hoy era el fin de la estética feliz, “en nombre de una libertad excéntrica, pornográfica, conceptual, se instala un nuevo academicismo: el academicismo de la tecnología, el arte del motor” (Paul Virilio). Las nuevas imágenes de producción técnica pretenden aplastar a las otras. Pintar se considera un comportamiento inadmisible, casi cobarde (Enrico Baj).
Sin embargo, el francés ALBEROLA no ha renunciado, para él la pintura guarda todavía fuentes inagotables, que requieren, eso sí, una formulación más penetrante, cohabitando los caracteres más formales con los fondos más herméticos.
En sus trabajos podemos apreciar unas experiencias generadoras de formas incompletas, asomadas a unas ventanas que tienen dudas sobre sí mismas, sobre lo que representan e informan. Acopian auras sin emitir reflejos.
También desean transmitir signos desde huellas, manchas grandes que vivaquean, ni luces ni sombras, señas en todo caso que quedan bailando en el soporte.

Culminar, además, con palabras lo que sigue estando, pretendiendo vivir en la mirada cargada de incertidumbres abiertas y que lo estarán así porque no hay claves de respuesta.

En definitiva, una plástica sin contornos domeñados, sin interrogatorios ni sentencias, producida entre situaciones de misterio, fabricada para la sonrisa del ojo, la ironía del tiempo, el deslumbramiento de la emoción ahogada, seca, mal alimentada.

Murió mi eternidad y estoy velándola (César Vallejo).

ERNEST PIGNON-ERNEST (1942) / RECODOS

En cualquier recodo me encuentro la alucinación que me persigue. Será lo que decía Merleau-Ponty, que ver es, por definición, ver más de lo que se ve….
Este artista francés, PIGNON-ERNEST, sabe que la angustia contemporánea vertida como el espíritu de su obra hace que ésta tenga el concepto, tipo, número, medida, moralidad, utilidad, placer y dolor. Como antecedentes y como consiguientes. Por eso se dan o como supuestos previos o como presentimientos (Benedetto Croce).
Y es que caminamos con la muerte a secas, esperando una llamada que no llega, un ladrón de cadáveres que sí lo hace, o unas mujeres desnudas languidecientes por una pasión enterrada y con la extramaunción como un consolador sin el orgasmo febril y contento.
¿Qué es lo que nos aplasta? Una densidad pictórica entre la realidad más anodina y el espectro más inesperado, que se saben juntos y fruto de lo más virtuoso, que nos respetan como espectadores si somos capaces de sentirlos e impedir que se desvanezcan para poder masticarlos.
Ver esos cuerpos nos hace más libres, menos abyectos, aunque quisiéramos no ser como ellos.

Y cuando pienso así, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.
(César Vallejo).

VOLKER STELZMANN (1940) / ¿QUÉ HEMOS DE SER?

¿Podemos decir que toda la actividad plástica en Occidente, igual que la filosófica, ha sido acometida desde un principio como una especulación sobre el ser?
¿Están en la obra del alemán STELZMANN los diez conceptos elementales del pensamiento aristotélico: sustancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, situación, posesión, acción y pasión?
Lo cierto es que en la pintura de este artista, plena de figuración y realismo, todas las posibilidades están abiertas y se contemplan unas a otras. Pero es básico observar la interioridad de esos personajes, después su expresión, sus gestos, su rabia o su indiferencia. Uno es un Greco que con la mano en el pecho oficia de incrédulo de este devenir que ya está siendo.
Un cromatismo seco, calibrando una claridad que no está para fiestas, aísla contornos, recrudece la atmósfera que ambienta el espacio del que podemos obtener todas las referencias probables y oportunas.
Mientras las representaciones, que parecen palabras sordas (no hay una sola boca abierta), nos llevan a multitud de reflexiones, las imágenes en sí fundan un imaginario visual que es memoria viva, una historia que no se cuenta pues para eso se pinta.

Así pasa la vida, como raro espejismo.
¡La rosa azul que alumbra y da el ser al cardo!
Junto al dogma del fardo
matador, el sofisma del Bien y la Razón!
(César Vallejo).

CLOVIS TROUILLE (1889-1975) / AFINO MI SENSIBILIDAD

Con lo sagrado hemos tapado y también con lo que no lo es, pues queremos mitos transgresores que nos dejen embaucados, con la visibilidad a flor de piel y de espanto.
Para el francés TROUILLE, igual que para Michelet, la mirada era un elemento fundamental de su relación con el mundo, con los demás y con el pasado. Por lo tanto, sus obras, de ironía y caricaturas exacerbadas, están destinadas a esas miradas, negándoles la insulsez y la vacuidad, sirviéndoles de señuelo para clavarles el aguijón.
Ya los colores que informan su gestación se relamen de placer, se sienten libres para pecar sin confesión y castigo; no se reprimen y fustigan con agua bendita esas carnes o rebosan de confirmación papal esos ropajes.
Siendo una plataforma de figuración púdica, recatada, que no oculta la culpa sino que la eleva en virtud de su magnitud plástica, no importa la matriz de su expresión, le caben rasgos de todas o de ninguna. El resultado es lo que determina su condición bajo cualquier definición.

Neal, ahora somos héroes reales
en una guerra entre nuestras vergas y el tiempo:
seamos los ángeles del deseo mundial
y llevémonos el mundo a la cama antes
de morir.
(Allen Ginsberg).

ARNOLDO ROCHA-ROBELL (1955) / IMPEDIR EL OCASO

Bajo esos delirios sin desarmar, “el arte es siempre lírica, o si se quiere, épica y dramática del sentimiento ” (Benedetto Croce).
En el caso del portorriqueño ROCHA-ROBELL, camino sin preguntar e imagino, tal es la fuerza del follaje y la boscosidad humanizada, vehículo de la simbiosis entre magia del saber de la savia y el culto impenetrable.
Pintura que hace de lo esotérico un lenguaje de fulgor, síntesis espiritual, un color que se niega a ser una incógnita aunque se mantenga en los límites de lo evidente y lo oculto.
Sin encerrarse en un cosmos tan sucinto, confiere a su forma configuradora un resplandor, que es el que marca la señal y el fondo de una obra que sin esa reverberación deambularía ciega, invisible, no accesible.
Pero no ha sido así, el fenómeno visual, plástico, ha tenido lugar y con él la culminación de una representación que tiene la clave del ser caribeño en el tiempo.

Escribe y sueña entornando
los ojos. El que así escribe,
está en España penando
y pensando en el Caribe.
(Blas de Otero).

GUSTAVO LÓPEZ ARMENTÍA (1949) / INFIERO Y NO CEJO

No hay que descalabrar nada, todo está ahí, es fácil vislumbrarlo por muy remoto que sea. Si las teorías están agotadas, el arte sigue sin estar exhausto, por eso ha de seguir engañando, sorprendiendo y maravillando.
Eso es lo que hace el argentino LÓPEZ ARMENTÍA, que emprende una obra de barruntos y sospechas sobre como es un mundo salido del soporte, que una vez rasgado muestra signos texturizados, señales, formas, figuras ancestrales.
Cosmogonía plástica que se hace lenguaje, historia, mito en la parca certidumbre de un espacio que ha abierto esas coordenadas para celebrar esa ficción que ahora llega.
De haber dudas sobre el origen, con esta pintura se despejan varias de las relativas a su forma de configurarlas, penetrarlas y auspiciarlas como un rumbo de encuentros y huellas seculares.
La visión reclama sendas de memoria, calibre del ámbito y sensación de las tramas y contexturas, de la pigmentación transformada, del fertilizante alfombrado. Todo un amanecer que se desgrana sin pedir nada, sólo saber que más que nunca es una entrada.

Y busco en el monte amparo,
y busco en tus senos cuna.
Que no me cubra la luna,
que la sombre me dé amparo.
(Blas de Otero).