Mes: septiembre 2011

CARLOS FAJARDO (1955) / TENGO EL DEDO PUESTO

La agitación político-social se pasea por calles y muros en forma de carteles, graffitis, rótulos, pasquines, murales en los que el arte es expresión ciudadana de lo que está aconteciendo.
Cuando el fenómeno se va acrecentando, aumentado con rasgos iconográficos propios, singularidades caricaturescas, caracteres sardónicos, crueles, es cuando toma la dirección de una estética expresionista bañada en unas cualidades artísticas netas.
Con estos elementos, el portorriqueño FAJARDO alza un territorio tan activista como incisivo, tan demoledor como concienzudo en sus trazos.
Toda una tradición está expuesta, declarada, señalada, sin que sea óbice para que se renueve en cada momento, se postule a través de actualizaciones surgidas en el medio del que nace su necesidad, oportunidad y ocasión.
Son piezas, en definitiva, marcadas por su entorno, que informan la trama y conjugan una relación icónica con la que la forma dada obtiene una nueva vía para formular significados abiertos y ávidos de alcanzar esa configuración.

En una ocasión Dante se encuentra con Giotto y le pregunta cómo era posible que habiendo engendrado unos hijos tan feos, pudiese lograr tal belleza de facciones en sus murales. Pues muy sencillo, le replicó, pintar suelo hacerlo de día, lo otro lo llevo a cabo por la noche. Así se lo conté a mi hermano, el cubano Humberto Viñas, con el fin de que no se le ocurriese hacer un retrato del Malecón en la oscuridad, le costaría probablemente perder las dos manos.

XUL SOLAR (1887-1963) / RUEGOS SIN PREGUNTAS

Estos mensajes pictóricos tienen a la transformación de guía entre lo visible y lo invisible, lo eterno ya determinado y el origen en el manifestarse.
Y es que en la obra del argentino SOLAR se desvelan religiones, astrologías, ciencias ocultas y mitologías, pero también misterios gozosos resultado de elucubraciones cosmogónicas y cosmológicas.
De todas formas, esas referencias especulativas no sirven para explicar el éxtasis pictórico, que es el que al final gana la partida en cada mirada y revienta toda interpretación doctrinal que trata de desembrollar cuestiones que carecen de nudo y desenlace.
Configurar la creación de este artista es concentrar la visión sobre unas superficies que bajo el júbilo del color desarrollan y tienden toda su magia y acrobacia. No hay tregua para un hacer que materializa cada centímetro como un motivo de ir, encontrar y obtener.
En consecuencia, el logro final es un cántico plástico que partiendo de un trasfondo conjeturado alcanza su exteriorización sobre la base de una poesía de signo impalpable, puro concierto de tránsitos y cultos investidos de un enigma todavía por vestir.

Pase, pase el embrollo,
Vuelva la paz y déjeme
Resucitado ser
Dentro de mi presente.
(Jorge Guillén).

HAIM STEINBACH (1944) / YO

Estamos ante una invención que no cesa, un vocabulario vaciado de todo sentido, una ingeniosidad estéril respecto a unas estéticas agotadas. Por eso, hay que recorrer todos los escaparates y a partir de ahí hacer posible, si se puede, una improvisación en cuanto a la rutina y hábitos visuales. No olvidando que un yo gigante debe señalar lo único cierto de lo contemporáneo.
El israelita nacionalizado norteamericano STEINBACH confiere a los objetos utilitarios, comestibles, inseparables normalmente de nuestras costumbres, usos y prácticas, un atributo plástico en función de su posición y reunión en unos espacios limpios, desnudados para recibir la configuración insólita y extraña de estos visitantes.
Bajo un orden de secuencias determinadas por el ejercicio frecuente de la descolocación, el cambio de contexto, la contraposición, la disparidad y la desemejanza, nos ofrece el paradigma, una vez más, de una revisión que siempre se está haciendo. No falla, claro es, ni en la virtud ni en el vicio.
Su obra está basada en el despliegue, en los efectos, en la experimentación desde ese elefantiásico yo, al que el punto cierra como si su trayectoria estuviese clausurada en esas búsquedas visuales del hombre de hoy situado ante esas filas tan llenas y al mismo tiempo tan vacías.
Una noticia insólita en una galería de La Habana: la instalación que consistía en unos jamones que colgaban del techo de una de las salas, ha sido saqueada. No ha quedado ninguno. El artista declaró que ese hecho estaba ya previsto y formaba parte del acto artístico.

ALBERTO REGUERA (1961) / NO DEJO DE IR TRAS LOS LÍMITES

Alcuino, letrado de Carlomagno me recrimina:
“Tú veneras los colores superficiales; nosotros, que preferimos la escritura, penetramos hasta el sentido oculto. Tú te dejas encantar por superficies pintadas; nosotros nos emocionamos frente a la palabra divina. Detente frente a la imagen engañadora, sin alma, de las cosas; nosotros nos elevamos a la realidad de los valores morales y religiosos. Y si tú, amante y adorador de imágenes, murmurando en el fondo de tu corazón, nos reprochas el deleitarnos con figuras y tropos, sabe que, en efecto, experimentamos un placer más vivo tranquilizándonos con la dulzura de las letras, que el que tú puedas sentir mirando las imágenes”.
Ni situándolo en su siglo y época perdono a este perfecto imbécil. Un funcionario de la prohibición que, seguramente castrado, hubiese hecho astillas la obra del español ALBERTO REGUERA.

Por consiguiente, en el trabajo de este artista, que da un paso más con sus telas tridimensionales y ejecutando una instalación pictórica en las salas del Instituto Cervantes de Bruselas, la experimentación abarca espacios, espectadores, campos de visión y objetos, además de interacciones y perspectivas. En mis post anteriores sobre sus creaciones, el último el 3 de marzo de este mismo año, afirmé que su síntesis óptica era la consagración de un itinerario sobre la abstracción, matérica o no, lírica o no, que no tenía fin o que desde luego no se atisbaba.
Ahora, además, que la sustancia igual de depurada nos rodea, se convierte en un acompañante cuyos caparazones cromáticos enlazan y provocan una sensibilidad que tapiza el diálogo, el pensamiento y el sentimiento de no encontrarse solo, de estar fusionado con un universo del que desconocemos su temporalidad pero que penetra hasta todo su sentido oculto (aunque lo desmienta el imbécil de Alcuino).

Ya no le preocupan los límites, ellos están con él y él está con ellos, y también mas si el rigor con el que los enfoca está lejos de las supercherías del juego, la espontaneidad, la anarquía creativa, el espectáculo, el entretenimiento, la sofisticación en representaciones y escenificaciones, pues a su abstracción no le hacen falta, está llena de sorpresas en cada una de las texturas y crea su propia realidad sobre la marcha.
Y termino con la convicción de que es toda una experiencia directa y total, una aventura visual consistente en la adquisición de un lenguaje que transfigura y enriquece el sentido del ser dentro de la materia y de la luz, invocando una simultaneidad con el tiempo de existir y estar.

Mi atención, ampliada,
Columbra. Por tu carne
La atmósfera reúne
términos. Hay paisaje.

Se colma el apogeo
Máximo de la tierra.
Aquí está: la verdad
Se revela y nos crea.
(Jorge Guillén).

DAVID TRUE (1942) / LA PINTURA ES UN CAUDAL EN REPOSO

Los planteamientos pictóricos parten del tener una fisonomía inagotable, de resquicios o de llanuras posibles y probables. Basta con dar con la premonición cromática adecuada, la transfiguración que se materializa paso a paso. La lucha por sedimentar la configuración a pesar de los airados movimientos de expansión.
Para el norteamericano TRUE la verdad es lo que plasma y depura una vez alcanzado el reposo; el seguir bajo términos estrictos de amplitud metamórfica, de que lo plano sea el espacio de los encuentros más dispares.
Según su obra, el concierto ha de continuar, ya que lo plástico es reflexión en el ámbito de lo pluriforme bello y nunca un debate de modas o conveniencias. Y no ahorra ondulaciones en ese torrente contenido, capaz de sugerir sin jactancias y sin apocamientos.

¡Ay! Yo también comparto
Desiertos donde yacen
Muchedumbres de seres
Perdidos en su carne.
(Jorge Guillén).

HUGO FONTELA (1986) / PINTO LA VERDAD

El asturiano FONTELA pinta la verdad, su verdad, sereno, y trasparenta lo que mejor entiende: la tierra. En un post que le dediqué un 19 de noviembre, me refería a una obra sobre lo calcinado, a lo que tenía de resonancias geológicas, de soledades definitivas y a un fetiche mudo y acostado.
Ahora que va a inaugurar en el Centro Niemeyer de Avilés el 5 de octubre, se puede vislumbrar que el fetiche ha despertado y no cesa de comunicar la fusión final a la que le somete el mediador.
En medio de esos espacios y superficies, los orígenes claman por ser ellos mismos en un contexto que les es hostil. Hasta los claros están en la penumbra, son como soles remotos que el artista va reconociendo poco a poco, centímetro a centímetro, en una labor que sigue un proceso de horizontalidad en el que esa realidad tectónica guarda tanto esencias como impurezas, tanto núcleos como esqueletos de médula.
HUGO trabaja bajo un sino que le señala y marca la textura perseguida, los surcos, rugosidades y estrías, el espíritu creador y los pasos hacia unos términos aún no plasmados. Así sea y buena suerte.

Quien dice la verdad
Es el día sereno.
El aire transparenta
Lo que mejor entiendo.
(Jorge Guillén).

THIERRY DE CORDIER (1954) / DE UN PRELUDIO NUNCA VOY A HABLAR

Decía Breton que los museos pronto estarán atestados de objetos cuya inutilidad, tamaño y número hará necesario la construcción de torres oficiales en los desiertos para albergarlos.
No sé si esta frase viene a cuento o no cuando veo estas piezas del belga DE CORDIER, pero lo evidente es que llenan espacios que tratan de reconvertirse en una prestidigitación coreada además de abarrotarlos.
Y lo que asimismo es cierto es que las calaveras, de tanto representarlas, dibujarlas, pintarlas, esculpirlas o embalsamarlas, ya no nos conceden ninguna revelación ni sorpresa. Es un objeto más cuya plasticidad se agota en su misma repetición desmesurada.
No podemos negar, no obstante, que su trabajo tiene citas desconocidas aunque llenas de referencias, tomadas aquí y allá, procesadas de nuevo bajo otras ópticas que encadenan impresión y definición. Por tanto, acumula créditos y avales, formas e ideolatrías. Una iconoclastia más a exhibir sin ganas de serlo, porque lo que en definitiva se procura es que la búsqueda de la poesía en la concepción no sea el medio más seguro de no encontrarla (Baudelaire). De haberla, la hay sin derroche.

¿Qué del incidente humano?
Calma en bloque.
Los muertos están más muertos
Cada noche.
(Jorge Guillén).

TANIA BRUGUERA (1968) / ¿CANIBALISMO EN CUBA?

Después de Mendieta, otra cubana, BRUGUERA, nos habla de comer carne, de suicidio, de culpa, de enmascaramiento, de opresión en una situación que tiene raíces autobiográficas, políticas, sociales y existenciales.
¿Es suficiente? Jorge López Anaya escribe:
“Las propuestas agresivas e impactantes, los ataques a los tabúes sociales profundamente arraigados (la antropofagia, la pedofilia), la impugnación de los derechos aceptados por las sociedades contemporáneas (la tortura de personas y animales, los atentados contra el medio ambiente) que flirtean con el mal, generan un rechazo de los espectadores, incluso en los habituales a los excesos del arte contemporáneo, que no saben cómo reaccionar ante ellas. Según parece, se han extraviado los límites”.
Por consiguiente, estamos ante un trabajo que cree reunir e implicar todo tipo de connotaciones (y siempre volvemos a las cristianas del sacrificio y del cordero, de la sangre y de la muerte), y que es cierto que las encuentra, pero su adecuación rechina, chirría, es derrochador de aspavientos, de histrionismo, de tránsitos espectaculares descentrados.
Experimentar con la mera provocación -dejo al margen lo de lo testimonial y reflexivo que es susceptible de comportar- no es apto por sí mismo, no hay magia en la visión ni contenido en el enigma.

Mi hermano cubano, el pintor Humberto Viñas, se ha colocado boca abajo en El Malecón y se deja morder por las ratas hasta que únicamente le quedan muñones. Ahora sé, me asegura, que mi pintura cuajará dentro de unas vísceras más fiables y hondas. Infeliz que es si así lo piensa, no se puede dogmatizar con la sospecha.

ALFREDO PRIOR (1952) / SIN PARPADEAR

Incandescencia que arroja la materia, magmas lumínicos encerrados en acuarios, burbujas polícromas, paisajes absortos en el cromatismo que generan y emiten, vértigos abisales, refugios de armonías tonales. La poética de una abstracción virtuosa y sensible es la que se aprecia en estas obras del argentino PRIOR.
Es una manera de concebir un estatuto plástico para un trabajo de experimentos sensuales y físicos de lo que no se ve hasta que se traslada al lienzo. Caben muchos interiores que forman sus propias naturalezas constituidas por la licuación de su sangre, vísceras y órganos. Caben vivencias fluidas, acuosas, exentas de cuerpo pero no de espíritu. Caben hasta pensamientos líquidos abiertos únicamente a la luz, al presentimiento, a la soledad, a la meditación.
La abstracción no es sólo una de las categorías de la mirada, sino también ese flujo en el que el tiempo de contemplación es único en tanto en cuanto su detención es la señal convenida para el reposo concentrado de la mirada, imposibilitando así su evanescencia.
Mientras no se acaben estos cúmulos, estas nubes fertilizadas que confieren presencia a la vida, la pintura es el signo del ver por excelencia y origen.

Tu caligrafía Rembrandt es fuerza,
pincelada activa, acusativos trazos expresivos,
dureza tu soporte, cuadro sin trama ni urdimbre,
veta de tiempos perdurables.

Tapada con sulfato de cal,
interpolando preparaciones, tizna de humo,
curaciones de carne.
Cueva de reposo de humedades.
(José Luis Álvarez Vélez).

RÓMULO MACCIO (1931) / ESTOY EN MI MOMENTO

El artista nunca ha perdido el derecho a la impetuosidad, al gesto cargado de nervio y vehemencia, a pesar de que durante muchísimos años era difícil apreciarlo a causa del predominio de las estéticas analíticas, ligadas al minimalismo y al conceptualismo.
Debido a ese motivo, Antonio Saura, en un foro dedicado a debatir sobre las nuevas corrientes del arte contemporáneo, exclamó furioso, antes de levantarse y marcharse:
“Para mí no hay otra pintura que una tela manchada de sangre y sudor”.
Y quizá también, por eso mismo, por ese sentido de la concepción universal y genuina del oficio, el argentino MACCIO conserva y se atiene a la autenticidad perenne de la pintura, porque es la marca de expresión que jamás ha perdido su condición de mayor valor y revelación, que se renueva en la misma medida que lo hacen los significados de tiempo y lugar.
Enfocar, por tanto, los genes de esta obra requiere medir nuestra propia experiencia de espectadores, deletrear el pulso de sus pinceladas, la contextura de su figuración, el humor de sus trazos, ya estén o no canalizados. De no impedírselo, nos atarán, nos robarán el imaginario y descenderán al encuentro de unas miradas plasmadas en el asombro de percibir tanto y ansiar tan poco.

Expresiva ave azabachada,
nuestra compañera irónica
en ciudades y urbes,
en las masas del pueblo.

Te tengo porque miro al hombre,
y no ayuno porque carezco de fe,
posible que entienda al cuervo.
Tu batuta como sátira revestida
de democracia,
sin humedad en tu palacio.
(José Luis Álvarez Vélez).