Mes: febrero 2012

JUAY GLANTZMAN (1956) / ME HAN LOCALIZADO LOS FANTASMAS

Si traspasan el espejo son sombras del recuerdo, si declaman penetran en la mirada y pulsan las letras en el sueño. Calidades frías, casi congeladas que remueven las cenizas de un fuego olvidado.
No sirve de nada huir, el estadounidense GLANTZMAN nos los ha transportado, después ha segregado su viscosa corporeidad, enanizada, disminuida para que su presencia tuviese la deshuesada materialidad de un ámbito desespiritualizado.
Son maneras de crear sin permitir que el artificio vaya más allá de ser un elemento más que absorbe y no califica. Lo esencial ha quedado plasmado aunque sucio, sucinto, con el espectro radiografiado y transmitiendo un sentir pictórico que no está errabundo sino centrado en la máscara.
Es un ir y volver plásticamente hacia lo oculto, lo encerrado sin llave y puertas; un explorar con tiento, a ciegas o con velas de llamas veladas; un viaje sin remisión de la mirada, más vieja y callada ante el hecho convicto.


“La Paparresolla” y “El Paparroxu” babean sangre por la boca. Nos piden ron para salivar mejor y escupir más lejos. Se lo damos porque se nos ha quitado de repente la sed.

NANCY GRAVES (1939-1995) / OS HABÉIS FIJADO BIEN

Decía Richard Serra que la escultura, si tiene algún potencial, es el de crear su propio espacio y lugar, el de actuar en contradicción con los espacios y lugares donde ha sido creada.
Este es el caso de la norteamericana GRAVES, que hace un acopio de formas que son mutaciones escapadas al control de lugares y espacios, al propósito de un plan deliberado para conformarlas bajo otras estructuras. No se han dejado, a la vista está, ni se dejarán.
A partir de lo cual las criaturas creadas toman su propia determinación, adquieren lo nuclear de una nueva naturaleza de la que presumen, con la que comunican sus citas y se exhiben.
No sin un gran esfuerzo han alcanzado la “gracia”, el don de ser, refulgir, despedir color como la sustancia que completa su armazón y sustanciación, esa osamenta vertebrada de la que dimana la fuerza y la belleza formal.
Es un canto que desde lo arbitrario y analógico conjuga lo complementario, obtiene la cualidad y el atributo, y enmarca el sustento de una realidad mayor y más visual, hasta conseguir del espectador el contorno neto y nítido de una mirada asociada a la fortuna y el júbilo.

A la noche Humberto, Felipe y yo monologamos en nuestra esquina del Malecón. Y como la brisa trae ácido, también viene “La Zamparrampa”, que ha olido la carne. Otra vez en polvorosa, que la vieja no se aguanta de hambre.

JORGE GALINDO (1965) / NO ME CORTO NI UN PELO

El español GALINDO lo quiere abarcar todo, absolutamente todo, su figuración es un flotador que dilata secuencias -hasta constituir instalaciones-, hábitos, sensibilidades, relatos, ámbitos, todo en aras de una apertura pictórica que sea inagotable en su exhibición y cubra todo el espacio posible e imposible.
Y en esos términos de planteamiento, se detectan falsas acronías, saltos entre movimientos y tendencias, diálogos, caos y orden, formalizaciones impertinentes y osadas que derrochan economía, plasticidad y una genealogía cromática.
Quizá sea la obra más apropiada para levantarse por la mañana con resaca y recomendarla como remedio para librarse de ella, pues pone al borde de una especulación estética sobre las expectativas y valores del arte, sin necesidad de incurrir en lo que afirmaba Theodor Adorno sobre lo que después de Auschwitz ya no es posible la lírica. En este caso sí, aunque sea desmesurada, pero también nos evite las consecuencias de ese sí a la disolución de la distinción entre basura y arte.
Y si por otro lado es arte de vanguardia y termina encima de un sofá, ese arte instalado y colgado -dicen algunos- de una pared imita la postura de su propia corrupción. Entonces bendita sea.

Por tanto, estamos ante una obra con muchos predicamentos, acaso los de constelación y caleidoscopio sean los más significativos, si bien la declinación de valores cuanta más arbitraria y ambigua mejor que mejor.

Relaciones innúmeras, muy débiles,
Se diluyen, se esfuman entre nieblas.
Peores hay. Dogmáticos feroces
Proclaman sus principios incendiarios.
La incomunicación es espantosa.
(Jorge Guillén).

CARLOS BLANCO (1983) / ¿QUÉ ES LO QUE BUSCO?

Lo busque como lo busque, el zaragozano BLANCO lo va encontrando, tanto desde un prisma plástico como desde una perspectiva iconográfica. Conoce los múltiples registros con los que va enderezando, combando y ondulando el rumbo, la dirección que ha tomado y en la que sigue profundizando, el marco de referencias que le sirve para estructurar volúmenes, dimensiones, perfiles, líneas, contornos y contextos.
Que haya tomado puntos de dilatación de las vanguardias, de Picasso, de Bacon incluso, es una faceta, que vaya más allá es otra, pero que la deriva sea fruto de una recreación cuyos aspectos formales impliquen una mayor definición es la siguiente y decisiva.
Todavía observamos que esa formulación que tiene por centro la figura humana, el retrato, está basada en clave escultórica y con marchamo cubista -sin embargo, la geometría curva sustituye a la recta-, lo que no resta un ápice en cuanto a la obtención de unos atributos y cualidades visuales concluyentes, que revelan la determinación de ubicar la carne más allá del molde, la fisonomía por encima de la adecuación del proceso creativo, el lenguaje más allá de la mera sintaxis.
Si bien aún es pronto para predecir la consistencia de su futuro, la función sintáctica que haga más emergente la matriz de una nueva concepción, es evidente que el ámbito de la significación mantiene una frescura vigorosa, plagada de proyectos en conformar un universo perceptivo autónomo y autosuficiente. En resumen, una continuidad segura y permanente.

Felipe y Humberto me cuentan que casi se topan con “El Papón” en El Malecón. Al verlo tan grande, con la boca y el cuello enormes, los ojos de fuego y el estómago como un horno, salieron presurosos olvidándose ron, sombreros y mulatas. ¡Coño!, cada noche está peor ir por ahí.

PABLO GENOVÉS (1959) / ENFRENTADOS AL DILUVIO

El español GENOVÉS expone en la galería Pilar Serra de Madrid las entrañas de una quimera derribada. La perfección de estas singladuras de destrucción o construcción, la paradoja es inevitable, está en razón inversa a la desolación de un patrimonio de la cultura construido sobre ruinas, maremotos, orografías de una naturaleza que toma posesión de lo que es suyo.
La agitación marina no deriva, sabe lo que quiere y lo que hace; lo ficticio, a través de estas fotocomposiciones digitales y pictóricas, adquiere dimensión de lo real, con tanta virulencia que el espectador se ve abocado a estar adentro sin esperar a ser un superviviente.
Sin embargo, entre esas dos esferas en conflicto se establece un pacto por encima del acontecimiento, cual es un ideario de conjugación plástica, de semántica consustancial a lo que implica su imagen. Es así como nadan y surgen, se saben conductoras de unas acciones que forman un espíritu de contemplación, un dominio sobre los procesos evolutivos y su materialización, la culminación de su forma y la génesis de su desaparición.
No se trata de la obra de un tratado, hasta podría ser similar a los antiguos, pero sí de un ensayo de cómo mirar bajo los telones y los paradigmas, de cómo pensar agarrado a las premoniciones ciegas y con la visión lúcida.

El ser se opone al ser. Final locura.
(Jorge Guillén).

ARTE SIN FRONTERAS II / MUSEO ANTONIO LÓPEZ TORRES

Los espacios públicos son cada día menos solemnes, ceremoniosos, han dejado su aureola de patricios inservibles para tomar el eco de los tiempos presentes. Siguen siendo oficiales, cierto, pero ya si pueden se trasvisten, no es cuestión de quedarse arrumbados por no brindarse de guías y profetas. Aún no toman la iniciativa, eso sí, pero se prestan a que la tomen y los usen.
He asistido a la inauguración de la exposición Arte sin Fronteras II en el Museo Antonio López Torres de Tomelloso el pasado día 10, en la que participan cuarenta dos artistas de distintos ámbitos geográficos (Cuba, España, Uruguay, Portugal, etc.) y disciplinas (desde la pintura hasta la fotografía). Un primer aspecto a considerar es el sinfín de opciones plásticas que se ofrecen, un eclecticismo que lleva a una incertidumbre o al revés, a su contrario, en cada de estas muestras. En vista de ello, quizás lo que hay que valorar realmente es que tengan oportunidad de expresarse (muchos de los integrantes no lo deben tener nada fácil), pues únicamente con el contraste de la mirada, de la contemplación, se obtiene la señal necesaria, y frecuentemente decisiva.
Pedro S. Morillo, organizador del proyecto, ha hecho un esfuerzo considerable teniendo claro que no había líneas o coordenadas de aproximación o convergencia, no era lo fundamental, sino un espíritu abierto a toda aquella propuesta que aunase impronta por lo genuino y autenticidad por lo pretendido. Era palpable que todo el colectivo respiraba aires de determinación, de búsquedas de encuentro, por las grandes dificultades a las que están sometidos, por los momentos que no llegan y por la espera mientras se descarna la materia objeto.
La visión que se desprende en conjunto de esta selección no tienen más finalidad que la de circunscribirse a unas formas de hacer que se están reinventado, que sea cual sea su origen, deben seguir tratando de hallar la diversidad de abarcar el espectro inmenso e inmanente de lo real, la infinidad que nace del artista y llega por la acción hasta lo hecho. Y para eso tiene que haber lugares, dimensiones, plataformas y morillos, no cabe duda.

Reproducciones de obras de Arun Roy, Pedro S. Morillo, Felipe Alarcón Echenique y Rosaura Serrano.

FRANCISCO GOVÍN (1968) / ¿POR DÓNDE HE CAMINADO?

Se ha llegado a decir que la pintura expresiva era reaccionaria en su intención y cómplice en el apoyo a las bases de las élites tanto dentro del arte como de la política. ¿Tantos de estos desatinos son necesarios para tener que volver al sistema de la pintura y abarcar todos los arquetipos con un nuevo significado? Ni tanto ni tan calvo.
Las cosas tienen que tener la claridad suficiente para saber que el espíritu de la pintura (nuevo, viejo, de futuro y de más allá del futuro) hace impensable que la representación de experiencias humanas pueda excluirse alguna vez de ella. Y sin esas connotaciones que no pueden ser que fruto de masturbaciones impotentes.
Y con la obra del cubano GOVÍN esas experiencias son nuestros caminos de sombra, nuestras bajadas a esos infiernos metafóricos en que desnudos de alma pero no de tiempo, somos signos de ideogramas en una caverna.
Las manchas blancas en la piel refulgen para señalar el carácter plástico de una lepra que carcome, que infecta un festín de cuerpos que no han sabido vivir por el temor a morir, ni morir por el horror a vivir.

Es verdad que las tinieblas no nos divierten, y éstas, tal como las expresa y configura el artista, nos sumen en una conspiración del tránsito, en la implacabilidad de su rumbo, en el fallo de una condena insoslayable y en el castigo liberador.

Porque ante la confabulación estética del sino, nos queda la duda de la liberación final, pues ya estamos descargados, sin necesidad de tormentos, casi quietos o extendiendo los brazos empeñados en borrar culpas. Por tanto, en esta plasmación figurativa dantesca, rica en lecturas y apropiaciones, el delirio está controlado, es cerebral, y anuda la metafísica del tinte con la resonancia blanca. Todo ello sin introducirnos en la explicación de contextos que son los que son y están.

Lo que os dije. Nunca vamos a dejar de estar en carnaval en El Malecón. Ahora aparece “María les Campanilles” envuelta en un sudario pero con la calavera y los huesos de la manos al descubierto. Traer más ron y ni se os ocurra dormiros.

GONZALO GONZÁLEZ (1950) / ARCHIPIÉLAGOS

Si la pintura de paisajes es un desafío a la teoría de la perspectiva porque implica la representación del infinito, su forma -¿radica en lo indefinido?-, esta obra del tinerfeño GONZALO cubre la manifestación de los espacios con la clarividencia de afrontar su destino.
No es tanto la visibilidad que entrañan estos fenómenos físicos que juegan con la naturaleza del movimiento y la sucesión, como que al plasmarlos con las tonalidades que despiden en su marco natural, hacen de vehículo especular de la mirada absorta del espectador, que cree estar asistiendo al desencadenamiento de una génesis, del germen que dará lugar a la formación de una fabulación cósmica.
Ante estos planos y topografías lo único que hay que debatir es si sus opciones de contemplación nos permiten acceder a esa encarnación sin las dudas de su constitución, con los significados trazando rumbos dilatados, capaces de entroncare con lo indefinido de Hegel. Considero que sí, aunque es obvio que otras lecturas nos llevarían a la configuración de otros sentidos y valores que desde la plasticidad incorporaran la importancia de estas iluminaciones.

Nuestro apego fatal a tanta vida
Nos mantiene adheridos
A ese espacio y su tiempo,
A esta comunidad
Posible de planeta
-A veces tan infame-
En que a pesar de todo,
Faz a faz, conseguimos vivir juntos.
(Jorge Guillén).

LUIGI ONTANI (1943) / HOY ME TOCA DISFRAZARME

En ocasiones preferimos convertirnos en objetos, pues hasta de lo de condición más humilde están impregnados de significación cultural. No hay, dicen, ninguna entidad que pueda descalificarse como arte.
Y como la teoría se ha hecho global y polivalente, se puede tomar una u otra, después dejarlas, o mezclarlas, derribarlas o ignorarlas.
En lo que respecta al italiano ONTANI, uno, en su calidad de isótropo, encuentra culminaciones histriónicas, calenturas fantasmales, risas orgásmicas y pediatras en lencería. La iconoclasia recibe en estos trabajos de intendencia su bendición más casta, solamente se permiten violaciones si cuentan con el permiso del artista. Lo que se ve es como un empujón contra el cielo y las profesiones de fe, una apuesta por hallar la medida de un arte cansado de ser él mismo y sus manipuladores, de ser la opción de la bella y la bestia.
Si hay que acudir al rococó, un abucheo consagrado; si hay que remitirse al clasicismo, un vómito de tarta de bonito; si hay que servirse del surrealismo, construyamos lo que se olvidaron por ser penitentes.

Una obra multidisciplinar, muy de moda, que se cobija y se da cariño, que se la esconde debajo de un muladar para darle pátina, lo que se quiera, la visita es gratis y no está fichada con huella.

A buenas horas viene “María Cuchilla” al Malecón. Dicen que sus crímenes no tienen solución. Al revés que a Humberto y a mí, que la nuestra la tiene el ron. Felipe Alarcón, al divisarla, da la vuelta.